martes, 29 de octubre de 2013

¿Son influyentes las escuelas?


Son muchos los factores que inciden sobre el rendimiento escolar, muchos de ellos están localizados fuera de la escuela, como los dependientes del nivel sociocultural del alumno, pero otros son propios de la escuela. Para una mejor comprensión del tema cabe preguntarnos ¿En qué consisten los efectos escolares? ¿Qué influencia tienen sobre el rendimiento de los alumnos?


Hace ya casi 40 años que James S. Coleman y su equipo conmocionaron a la comunidad científica y académica de todo el mundo al afirmar con toda rotundidad que "la escuela no importa" (school doesn't matteri). Efectivamente, la principal conclusión del Informe Coleman, el más ambicioso e influyente estudio realizado nunca en Ciencias Sociales, fue que "las escuelas ejercen escasa influencia sobre los alumnos, por lo que no se puede sostener que su rendimiento sea independiente de su estatus y contexto social". Como no podía ser de otra forma, estos resultados abrieron un profundo debate cuyas repercusiones llegan a nuestros días.

Técnicamente lo que hizo Coleman fue estimar la magnitud de los efectos escolares, y encontró que éstos eran muy pequeños; muy pequeños, al menos, en cuanto a lo que por entonces se esperaba. Más concretamente, los resultados indicaban que los centros docentes explicaban el 4,95% de la varianza del rendimiento en Matemáticas de los alumnos de 14 años blancos, y el 8,73% de la de los alumnos negros de la misma edad, ambas puntuaciones corregidas por la situación socio-económica de los estudiantes (Coleman el al.).

Desde entonces se han realizado cientos de estudios en todo el mundo dirigidos a estimar la magnitud de los efectos escolares. De esta forma, que ya sabemos, en primer lugar, que "la escuela importa", pero también tenemos una estimación de cuánto lo hace; es decir, cuánto influye la escuela en el desarrollo de los alumnos.
En España, sin embargo, hasta ahora no se ha realizado ningún estudio que aborde esta cuestión, por lo que no se conoce a cuánto asciende la magnitud de los efectos de los centros docentes españoles. Sólo es posible tener una aproximación a esta cifra extrapolándola de trabajos desarrollados en contextos diferentes al nuestro (Murillo).

En este artículo, en primer lugar, se ofrece una discusión sobre el significado del término "efectos escolares" y sus implicaciones. En segundo término se recoge el estado de la cuestión de la investigación internacional sobre el tema. Todo ello nos sirve de introducción para la presentación de la metodología y los resultados de una investigación que busca estimar la magnitud de los efectos escolares para centros de Primaria en España. Se finaliza con un breve apartado dedicado a las conclusiones.

Hacia una definición de efectos escolares
La primigenia afirmación de que la escuela no importa y su posterior desmentido han generado una cierta expectación en todo el mundo por conocer cuánto realmente importa la escuela. El interés sobre esta cuestión no recae exclusivamente en el ámbito académico, conlleva una serie de implicaciones con una clara repercusión en los diferentes niveles de decisión del sistema educativo. Pero, antes de comenzar, hemos de tener claro qué se entiende por efectos escolares.

Revisando las diferentes investigaciones que han trabajado sobre esta cuestión nos encontramos con una amplia variedad de interpretaciones sobre la misma. Así, podemos agrupar las distintas propuestas en dos grandes bloques. El primero de ellos entiende los efectos escolares como la medida del efecto de una escuela individual sobre los resultados de sus alumnos. Bajo este planteamiento general es posible diferenciar cuatro planteamientos:
a) Efectos escolares considerados como la medida del efecto de cada escuela sobre sus alumnos, sin ajustar. Así, suele estimarse como la diferencia entre el rendimiento medio de los alumnos de un centro y una norma o criterio externo. Este criterio externo es habitualmente la media del rendimiento de los alumnos del sistema educativo o una parte de éste. Es el llamado modelo estándar (Gray, Jesson y Jones) y se concreta en el planteamiento originario, y fuertemente criticado, de los ranking de centros en Inglaterra y en algunos de los Estados Unidos; aunque también es el utilizado con mucha frecuencia cuando se analizan las diferencias de rendimiento entre diferentes tipos de centros, por ejemplo públicos y privados.
b) Efectos escolares considerados como la medida del efecto de la escuela so-
bre el rendimiento de los alumnos, ajustada por las características de entrada de los alumnos, y comparada con la media del sistema escolar. Esta propuesta es análoga a la anterior, pero se consideran variables tales como el rendimiento previo de los alumnos o el nivel sociocultural de las familias. Con ello, la eficacia de una escuela individual se mide por el grado en el cual se desvía del valor previsto después de ajustarse por el valor promedio tanto en nivel socioeconómico como en rendimiento previo de los alumnos. Técnicamente sería la estimación de la puntuación promedio de los residuales de los alumnos de una escuela obtenidos a partir de la ecuación de regresión con las variables nivel socio-económico y rendimiento previo como variables independientes y el rendimiento como variable dependiente. Este planteamiento es el típico de los estudios input-output, es decir, de los estudios de productividad escolar derivados del Informe Coleman.
e) Efectos escolares entendidos como el impacto que sobre un alumno medio tiene la escolarización en un centro determinado, comparado con la media del sistema educativo. Es el llamado efecto escolar "tipo A" en terminología de Willms o, lo que es 10 mismo, serían las diferencias entre escuelas en el rendimiento de los alumnos, controlando las características de los alumnos Harker y Nash.
d) Efectos entendidos como el impacto que sobre un alumno medio tiene la escolarización en un centro determinado en comparación con otro de similar composición yen un contexto análogo. Esta nueva conceptuación, denominada efecto "tipo B" por Willms, considera importante no sólo cuáles son las características de entrada de los alumnos, sino también el contexto en donde se desarrolla la escuela.

De esta forma, todas las propuestas que componen este primer bloque podrían expresarse como un porcentaje de la desviación estándar, pudiendo ser esta puntuación tanto positiva como negativa.

El otro gran planteamiento considera los efectos escolares como la medida del grado de variación "entre escuelas" dentro el total de la variación de las puntuaciones obtenidas por sus alumnos en una prueba de rendimiento. Es decir, la estimación acerca de qué parte de las diferencias en el rendimiento de los alumnos es debida a las características del centro en el que estudia, y no a los factores personales, familiares sociales o contextuales.

Los trabajos que utilizan este enfoque informan acerca del porcentaje de varianza del rendimiento de los alumnos debido a la diferencia entre escuelas. Antes de la aparición de los Modelos Multinivel, esa información era obtenida a partir de la ecuación de regresión con puntuaciones de los alumnos. Con los Modelos Multinivel se ofreció una herramienta mucho más potente para conocer esa aportación en la varianza del rendimiento de los alumnos, la llamada correlación intraclase.

Además de estas propuestas, es posible reconocer otros planteamientos que podemos calificar como marginales. Así está, por un lado, la concepción de efectos escolares como los efectos absolutos de la escolarización, en la cual los efectos escolares son considerados como la influencia global que la escuela produce en sus alumnos. También en este grupo se encontraría la propuesta que define los efectos escolares como la medida del impacto de los centros en el rendimiento de sus alumnos a lo largo del tiempo. La primera propuesta nos parece inaceptable técnica y éticamente, la segunda por el contrario resulta sugerente, sin embargo sería necesario realizar estudios longitudinales con los que nos presente más como perspectiva de futuro que como realidad.

Con todo ello, tenemos dos grandes planteamientos: los efectos escolares como el impacto sobre un centro individual, y su medida la comparación de ese impacto con un punto de referencia; y el efecto entendido como la variación del rendimiento debido a la variación entre escuelas. El primero sería realmente una medida del índice de eficacia escolar, útil para valorar el grado de eficacia de un centro; el segundo, los efectos escolares en sentido estricto.

Con todo ello, podemos entender por efectos escolares: el porcentaje de variación en el rendimiento de los alumnos debido a las características procesuales del centro en el que están escolarizados. y se mediría como un porcentaje de varianza. Esta definición nos lleva a la idea de que el efecto escolar es una estimación de la responsabilidad de la escuela en el rendimiento de los alumnos, es decir una medida de cuánto importa la escuela.

Sin embargo, su interpretación es más compleja de lo que podría parecer. Así, efectos escolares muy bajos suponen que la influencia de la escuela en el rendimiento del alumno en, por ejemplo, matemáticas es muy baja; de tal forma que ese mismo alumno hubiera obtenido análoga puntuación en otro centro cualquiera, con otros docentes, otra organización, otros planteamientos curriculares ... y esto puede acaecer bien porque los centros son muy parecidos entre sí (son igualmente buenos o malos), bien porque las características procesuales de los centros tiene una baja influencia en el rendimiento de sus alumnos. Es decir, que la metodología o el clima del aula tiene un impacto bajo en el rendimiento del alumnos en comparación con el efectos que generan los factores personales, familiares y sociales. Pero también, dado que es un porcentaje de varianza, que los centros tiene un escaso poder compensador, de tal forma que los alumnos de familias acomodadas sacarán siempre mejores resultados que los de familias más modestas, sin que el centro haga nada por aminorar esas diferencias.



Extraído de:
¿Importa la escuela?
Una estimación de los efectos escolares en España
Tendencias Pedagógicas Nro 10, 2005
F. Javier Murillo Torrecilla
Universidad Autónoma de Madrid

martes, 22 de octubre de 2013

Necesitamos alumnos que se dejen interesar

Desde este blog hemos sostenido que la escuela debe responder a las necesidades de la comunidad en su conjunto, que “Calidad Educativa” no significa solamente el aprendizaje de ciertas materias, y una preparación para someterse con docilidad a una futura vida laboral. La escuela debe, además, enseñar a convivir democráticamente, en sociedades que tengan como ideal la igualdad entre los ciudadanos, ya que si esto no se da, tampoco se podrá construir una democracia ¿Esto es posible en un contexto social que desvaloriza las actividades escolares? El siguiente artículo de Guillermo Jaim Etcheverry nos permite reflexionar sobre el tema.


A propósito de la despreocupación por la ortografía, una docente reconocía hace poco que “Hoy son los alumnos los que le dictan a la maestra y luego se trabaja sobre ese relato.” Una admirable metáfora del papel actual del docente: recibir el dictado de los alumnos. El culto al individualismo y a la libre expresión de niños y jóvenes hace que, crecientemente, estos y sus padres consideren que todo intento de enseñarles es una molesta intromisión en sus vidas. Supremos creadores, los niños no necesitan aprender nada ya que por ser contemporáneos y manejar con destreza los instrumentos de su tiempo, parecen saberlo todo. En el mejor de los casos requerirán “orientación” y por eso los maestros se convierten, según el léxico dominante, en “facilitadores del aprendizaje” o “animadores” como si la escuela fuera una fiesta en la que los niños necesitan ser entretenidos. Por ejemplo, si ya saben hablar, ¿para qué enseñarles la lengua? Recibamos el dictado del infante, escuchémoslo y no lo molestemos pretendiendo que se esfuercen en aprender reglas que lo único que consiguen es interferir con su “creatividad”. ¿Dictados, leer en voz alta, escritura cursiva en lugar de la básica letra de imprenta, aprender reglas de ortografía y sintaxis, comprender lo que se lee? Hace pocas décadas, si bien los niños también hablaban, los mayores no consideraban una tarea inútil enseñarles estas habilidades que hoy parecen ser sólo reliquias de un pasado felizmente superado.

Esta caricatura de la visión que sobre la escuela comparte hoy gran parte de la sociedad, acompañada por las teorías pedagógicas de moda, explica el desprestigio de la tarea docente. Por eso, mientras no se redefina el papel de la escuela, la función del maestro seguirá en el centro de ese conflicto. Muchas sociedades, de regreso de estas tendencias “modernizadoras”, vuelven a jerarquizar a los docentes y el valor del conocimiento que en ellos se corporiza. Hasta ahora los maestros han sido personas que conocen algo a fondo y que transmiten su entusiasmo por eso que saben. Al debilitarse la idea de que el conocimiento conserva la capacidad de interesar a los chicos, la figura del docente queda sepultada bajo un alud de términos de una jerga oscura que justifican el deterioro de su función esencial.

La celebración del Día del Maestro es una oportunidad propicia para volver a pensar en su tarea, cada día más difícil de desarrollar. Ha sido y es necesario que los maestros se interesen por los problemas personales y sociales de sus alumnos pero eso no justifica que se los estimule a olvidar su función esencial: desarrollar las posibilidades intelectuales de cada uno de los niños y jóvenes puestos bajo su cuidado. Allí tal vez esté la clave: cuidar a los chicos mostrándoles lo que pueden ser siempre que estos tengan la humildad de escuchar, de prestar atención, de dejarse interesar. Sólo con buenos maestros hay buena educación pero sin niños y jóvenes en disposición de alumnos, no hay educación posible.

martes, 15 de octubre de 2013

El autocontrol emocional en el docente


Las emociones se nos presentan en forma compleja, y como un tema sin tratamiento en la docencia. Sabemos que es imprescindible el logro de un autocontrol emocional ¿En qué técnicas nos podemos apoyar? ¿Cuál es el valor de la educación emocional del docente?
 


La complejidad de las emociones
Algunos autores han defendido la existencia de cierto número de emociones básicas agrupadas en pares de opuestos, tales como amor-odio, alegría-tristeza, miedo-ira, agradable-desagradable, etc; el primero que destacó esta perspectiva fue Wilhelm Wundt. Se mencionan algunas de ellas:
• El miedo. Anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad, es un sistema de alarma que prepara al cuerpo para huir del peligro.
• La sorpresa. Sobresalto, asombro, desconcierto.
Es transitoria. Puede dar una aproximación cognitiva para saber qué pasa.
• La aversión. Disgusto, asco, lo cual hace que uno se aleje del objeto que produce aversión.
• La ira. Rabia, enojo, resentimiento, furia, irritabilidad.
• La tristeza. Pena, soledad, pesimismo.
• La alegría. Diversión, euforia, gratificación, contento, brinda una sensación de bienestar, de seguridad.

Un nivel moderado de activación emocional aumenta la motivación personal, tiene un beneficioso efecto para afrontar los pequeños o grandes retos que se presentan en la vida diaria y predispone para un mejor rendimiento en el mundo laboral, en la medida adecuada las emociones resultan beneficiosas para el equilibrio de una persona.

Cabe reflexionar sobre algunos pensamientos distorsionados que afectan las emociones del profesor, tales como: falta de autovaloración, falta de aceptación del cuerpo, inseguridad, falta de aceptación de la realidad, vivir en pasado o futuro, necesidad de aprobación, culpabilidad, perfeccionismo, preocupación, entre otros.
De los citados, quizás lo que más preocupa y afecta al docente es el perfeccionismo, cuando se pregunta
¿Por qué debo hacer todo bien?
¿Quién está anotando mis errores o debilidades?
¿Continuaré en esta institución si no me ven perfecto?
A veces, resulta paralizante la búsqueda constante del éxito en todo lo que se hace. La misma ansiedad que da plantearse hacer las cosas a la perfección, conduce, muchas veces, a hacerlas peor, ya que la ansiedad impide pensar con claridad.

Puede haber ocasiones en las que según sus propias reglas el docente fracase en algo. Pero ese fracaso puede ser productivo, puede servir de incentivo al trabajo, superando obstáculos. Lo importante es no equiparar el acto, a su valor como persona.

También inciden en el docente los prejuicios, que se basa no tanto en lo que uno detesta o en lo que desagrada, sino en el hecho de que es más fácil y más seguro quedarse con lo conocido. Esto trabaja en contra del profesor ya que evita que exploren lo desconocido.

Al ser espontáneos, se elimina los prejuicios y se permite conocer y tratar con la gente e ideas nuevas. Los docentes pueden decidir vivir cada día de una manera diferente, siendo espontáneos y vitales o pueden temer a lo desconocido y quedarse igual siendo los mismos de siempre. Lo opuesto al crecimiento es la igualdad o monotonía. Son los docentes los que eligen qué desean para su vida profesional, buscar sus propios cambios emocionales; sustentar su autoestima en sus valores personales y profesionales; estimular nuevos contactos y experiencias con la interacción con otros colegas que denotan emociones equilibradas.

Se debe verbalizar lo positivo y buscar cambiar lo negativo. El docente debe fijarse metas que logren la adquisición de nuevas habilidades y conductas, ya que escucha demasiados “debes” o “deberías” a lo largo de su carrera y en sus actividades; eso genera temor a defraudar y genera inquietud, lo importante es que manifieste sus emociones de una manera correcta, serena y confiada.

Hacer lo que uno quiere es libertad, siempre y cuando no se atente contra la libertad del otro. Es importante recordar que la idea es decidir por uno mismo, no influenciados por los demás, y uno puede equivocarse en esa elección, pero si se busca lo mejor para los alumnos y la gestión, los errores ayudan a crecer como profesionales y como personas.
Un buen docente es el que promueve el progreso de los estudiantes en una amplia gama de logros intelectuales, sociales, morales y emocionales; al mismo tiempo que ayuda a mejorar su propia educación emocional y la evidencia en el aula.

Algunas técnicas para lograr el autocontrol emocional
Pueden haber una gran variedad de técnicas para coadyuvar al logro del preciado autocontrol emocional, en este apartado, solo se mencionan algunas ideas básicas tales como la relajación, la reestructuración cognitiva, el refuerzo, la detención del pensamiento, el entrenamiento asertivo, las técnicas de afrontamiento, la visualización.
Según Albert Ellis, hay juicios racionales específicos, que pudieran ayudar en este proceso.
1.- No es una necesidad esencial para un adulto poder contar con el amor y la aprobación de todas las personas que para él son importantes.
2.- Sería conveniente no valorarse a sí mismo sobre la base de la suficiencia, las actitudes y los logros externos.
3.- No hay que acusar o castigar a otros ni a uno mismo por actos que se cometan tanto sea por ignorancia, trastornos emocionales o por lo que sea.
Sí, aplicar medidas de protección para corregir esos errores y que no se repitan en el futuro y que ese ser humano se convierta en alguien que puede vivir en sociedad.
4.- Habría que tratar de no interpretar como una catástrofe toda situación que no se presente como uno querría.
5.- Casi ningún caso de desdicha se debe a hechos externos, sino a los pensamientos internos (lo que no se dice).
6.- Con sólo preocuparse por peligros en acecho y meditar sobre la posibilidad de que se produzcan hechos temidos no se evitan las situaciones desagradables.
7.- La actitud constante de elegir siempre el camino fácil, evitando dificultades y responsabilidades, suele llevar a la indolencia, a los temores y al aburrimiento.
No ser demasiado exigentes consigo mismos ni demasiado poco exigentes. Buscar el equilibrio.
8.- Toda persona tendría que tratar de adquirir un grado de independencia saludable, en lugar de apoyarse en y/o depender de otra persona más fuerte que uno mismo. La meta de la independencia total es irrealista e indeseable. Es irrealizable en la sociedad ya que uno es en cierta medida, interdependiente. Pero se hace la diferencia con la dependencia parasitaria y las pautas racionales de compañerismo, amistad y cooperación.
9 .Inevitablemente, la historia pasada de un individuo ha ejercido influencias sobre su conducta presente, lo cual no implica que tenga que seguir dirigiéndola, ni afectándola.
10.- De nada sirve preocuparse por los problemas y trastornos ajenos. No hay que confundir el deseo de brindar asesoramiento y ayuda a los demás, con la tendencia a preocuparse excesivamente por ellos.
11.- Quien se pone como meta la perfección o el control absoluto de las exigencias de la vida suele sumergirse en el pánico y la ineficiencia. Errar es humano ya que el hombre es un ser falible. No se deben esperar soluciones perfectas, que tal vez ni siquiera existan.

Calidad de relación alumno-docente
Se refiere al estilo de comunicación, al vínculo que sostienen el docente y el alumno, enlazado a los sentimientos y a las actividades realizadas en el contexto educativo institucional, y que se espera tienda a la calidad.

El docente debe constituirse en motivador de su alumno, con las situaciones que crea, para lograr su participación activa en el proceso de aprendizaje que se estructura como un continuo. En la vida de relación el alumno se debe integrar al otro (docente), a quien puede ver como modelo, objeto auxiliar o adversario. Las relaciones de los adolescentes con sus padres, hermanos, maestros, son fenómenos sociales que pueden favorecer o perjudicar los procesos de enseñanza-aprendizaje; es por eso que la relación docente-alumno debe poseer calidad y buen manejo de las emociones.

En todas esas interacciones se evidencia el estilo de relación pedagógica, que es único y responde a concreciones espacio-temporales que determinan la cultura. Se espera que los docentes sean personas mentalmente sanas y emocionalmente equilibradas para lograr en sus clases un clima acogedor, seguro, distendido y afectuoso; así como un estudiante interesado en su formación, respetuoso con sus docentes y sus pares.
Sin embargo, no se puede ignorar que los mismos poseen su propia historia personal, familiar, escolar y laboral; además de soportar un sinnúmero de situaciones ingratas, pero deben ser capaces de afrontar la realidad de una manera constructiva, y sobrellevar o superar las tensiones y ansiedades, dando así salida a la hostilidad o maltrato, con fines creativos y constructivos, a fin de hallar mayor satisfacción en las relaciones interpersonales y académicas, sin olvidar que esta calidad de relación es un factor preponderante para la interacción docente-alumno.

Será conveniente en alto grado que el docente que anhele actitudes emocionales armónicas recurra a su voluntad, y así venza los obstáculos que se le presenten.
Al decir de Chalita, los desafíos están puestos para que el ser humano nunca se canse de lo que hace. Es triste la educación que no prepara para el sueño.

En síntesis
La educación emocional del docente puede determinar en alguna medida el éxito o el fracaso de los estudiantes, tanto en el proceso de enseñanza aprendizaje como en las relaciones interpersonales. Las emociones no han tenido un reconocimiento en la civilización industrial, occidental y moderna, según Cases, porque, tradicionalmente, han sido vistas como algo que se debe “superar”. Las virtudes humanas se han descrito siempre en términos de control y estabilidad. La razón ha impuesto su reino del progreso y las emociones han sido vistas, cada vez más, como reminiscencias de los antepasados filogenéticos, la expresión emocional ha sido, a menudo, interpretada como signo de debilidad y de descontrol.

La escuela como instrumento esencial para inculcar los valores imperantes a nivel social, ha fomentado esta racionalidad y ha desatendido el elemento afectivo, transmite conocimientos, pero ha fracasado totalmente en el plano emocional. Quizá por ello se observa con mayor frecuencia en los alumnos diversos tipos de indisciplina, violencia escolar, falta de respeto a la autoridad, entre otros.

La desatención social, en general, de la emoción, ha deshabilitado la construcción de personas maduras, porque con demasiada frecuencia uno se ve obligado a enfrentarse a los retos del vivir con recursos emocionales prehistóricos. Se ha crecido extraordinariamente en el aspecto racional y se ha olvidado de desarrollar la emoción. A veces sorprende la poca habilidad social que determinados intelectuales demuestran para poder mantener relaciones llanas y placenteras, desde ir a bailar, tocar un instrumento musical, o cantar con los amigos, que si bien se habla de inteligencias múltiples, y cada uno tiene su habilidad, mantener buenas relaciones interpersonales se torna aún más positivo.

Desde el punto de vista de los profesores, no se puede olvidar que en muchos países la docencia es una de las profesiones más estresantes, con mayor índice de enfermedades. Si los estudiantes pasan por periodos de frustración y tensión, también los profesores pueden estar expuestos a ella. Conviene tener la suficiente agudeza sensorial para notar las reacciones emotivas de los demás.

A pesar de su importancia, la educación emocional no tiene aún la debida importancia en el sistema educativo, sin embargo reconocerla, ya es un gran paso para iniciar acciones tendientes a remediarlo.



Extraído de
Revista internacional de audición y lenguaje, logopedia, apoyo a la integración y multiculturalidad. Volumen 2, Número 3, Marzo 2013, ISSN: 2174-6087
RIALAIM
Educación emocional de los docentes.
Autora Salvadora Giménez Universidad Nacional de Asunción (Paraguay) Facultad de Filosofía

martes, 8 de octubre de 2013

La democracia como cualidad esencial de la educación ciudadana


Creemos que la democracia es una manera de ver al mundo, y mantiene algunos principios ¿Es un orden social natural o construido? ¿Existe un modelo ideal de democracia? ¿Hacia donde debe estar orientada? ¿Podemos pensar una democracia sin conflictos? Por otra parte ¿Es necesario revalorizar el tema "democracia" en las escuelas?


La democracia como cualidad esencial de la educación ciudadana también es educable, de ahí que diferentes autores hagan referencia a ella como un aspecto a superar en las instituciones educativas. Así, Smith afirma que, si en las escuelas se pretende promover valores democráticos, se necesita eliminar las relaciones autoritarias.

Existen varios trabajos que otorgan un alto valor a la “educación para la democracia”, término acuñado hace varios años y que ha cobrado vigencia en la actualidad. Entre otros autores que abordan la democracia desde una óptica educativa y pedagógica.

Al considerar que la escuela ha de ser un reflejo de la sociedad ideal, es importante tener en cuenta estos elementos en el tratamiento pedagógico de la democracia, pues cuando el estudiante se prepara, entonces, podrá contribuir con el funcionamiento de la sociedad, de acuerdo con dichas expectativas. Es obvio que la democracia no solo significa poder del pueblo, expresión tan confusa que se puede interpretar en todos los sentidos, hasta para legitimar regímenes autoritarios y represivos; puesto que es muy común en esos regímenes que las decisiones descienden del estado hacia el sistema político, luego hacia la sociedad civil. En este proceso se da participación a los ciudadanos, no tanto para tomar en cuenta sus propuestas, sino para aparentar que existe una amplia participación ciudadana.

De acuerdo con una visión más abarcadora, la democracia es una “. . . forma de vida que tiene implicaciones y manifestaciones en la vida cotidiana. Por lo tanto, tiene que estar profundamente arraigada en los patrones culturales que se producen y reproducen en [el quehacer diario], en la familia, en la escuela, en el trabajo, en los medios de difusión y todos los lugares de las esferas pública y privada” (Sánchez). Esta idea reafirma el papel de la escuela en la educación desde la democracia y para esta.

Por otra parte, según Toro, la democracia no se puede identificar como un partido, una religión o una ciencia, sino que es una forma de ver el mundo: una cosmovisión. Vista de esa manera, tiene la particularidad de que conservándolo todo, lo ordena de manera diferente. Desde esta perspectiva, este autor introduce el concepto de ethos democrático, que consiste formas democráticas de pensar, sentir y actuar, y puntualiza los siguientes principios, para la comprensión de la democracia y su implicación para el proceso formativo del estudiantado:

1.         Principio de secularidad: todo orden social es construido. El orden social no es natural, por eso son posibles las transformaciones de la sociedad. La democracia no es natural al ser humano, por ello es necesario enseñarla y aprenderla.

2.         Principio de incertidumbre: no existe un modelo ideal de democracia que se pueda copiar o imitar, cada sociedad debe crear su propio orden democrático. A cada sociedad le corresponde comenzar a construir el orden democrático a partir de su historia, sus conocimientos, su tradición, su memoria; a partir de lo que es y lo que no es, de lo que tiene y de las proyecciones que puede hacer.

3.         Principio ético: aunque no existe un modelo ideal de democracia, todo orden democrático está orientado a hacer posibles los derechos humanos, a cuidar y proteger la vida, a trabajar por el bien común.

4.         Principio de complejidad: el conflicto, la diversidad y la diferencia son constitutivos de la convivencia democrática. Una sociedad comienza a resolver sus conflictos y a adquirir una conducta democrática cuando asume el concepto necesario de oposición, y aprende a deliberar y converger.

En las fuentes referenciadas se observa una gama de términos y enfoques de la democracia en el campo educativo. Entre los más difundidos están su definición como cosmovisión, forma de vida, como un valor en sí misma, como valor que integra un conjunto de valores. Los términos más usados asociados con su educación son: educación democrática, educación para la democracia y educación en la democracia. En este caso, se concibe asociada a la educación ciudadana y afiliada, esencialmente, a la libertad de expresión, la igualdad, el respeto y la implicación personal consciente en unidad con los intereses sociales. De aquí que los términos “educación para una ciudadanía democrática” o “educación ciudadana democrática” hacen notar que la democracia se instituye como su rasgo esencial.

La democracia es el rasgo esencial de la educación ciudadana, ya que la percepción del estudiantado de su propia ciudadanía y la participación comunitaria son imposibles de alcanzar sin una participación activa y abierta en todas aquellas decisiones y procesos relacionados con sus vidas. Por esta razón, los diferentes enfoques pedagógicos hacia la formación tienen un impacto significativo para la asimilación de los valores y la conciencia ciudadana.

La necesidad de fortalecer la democracia desde la escuela está latente en todos los países del mundo. En este sentido, Carr destaca que “… si bien muchos factores participan de la formulación y encuadre de la democracia en las escuelas, los profesores juegan un rol muy claro e importante a la hora de cultivar y moldear la experiencia educativa de los estudiantes en relación con sus actitudes, conductas, ideologías y compromisos –presentes y futuros – en torno a la democracia”. Es frecuente que en las instituciones educativas se mantenga la tendencia hace mucho obsoleta de considerar al estudiante como objeto de formación, pero es precisamente porque tanto para directivos como para educadores la práctica de la democracia no constituye un objetivo primordial del trabajo educativo.

Se podría justificar que el tan esgrimido “protagonismo estudiantil”, la posición de sujeto del estudiantado y los métodos participativos, entre otros, podrían sustituir la esencia de esta práctica milenaria; empero, no es tan simple el asunto. Precisamente por estar ausente como contenido, forma y método en las instituciones educativas, con frecuencia, los estudiantes son objeto de abusos de todo tipo por docentes, directivos, y más bien se acogen a la “práctica del silencio” para evitar ser objeto de represalias. Lógicamente, en tales casos, confluyen diversos aspectos y factores, pero sin lugar a dudas una práctica educativa transparente, participativa, a fin de cuentas democrática, podría contribuir en mayor medida a la formación del hombre que necesita la sociedad de hoy.

La posibilidad de pensar y actuar por sí mismos como elementos claves de la democracia se podría alcanzar mediante la educación, en conjunto con las múltiples instituciones educativas y culturales existentes. Sin embargo, la educación autoritaria y represiva no acaba de ceder al paso a una de tipo diversa, plural, reflexiva, potenciadora del criterio propio. Cuánta razón tenía Enrique José Varona9 cuando expresó: “¿Quién me tiraniza?, ¿el que me sofoca, me descoyunta, me azota, me atenaza o me tuesta a fuego lento? No. El que me obliga a ocultar o simular lo que pienso” (Varona).

No obstante, en los últimos años se ha revalorizado el tema de la democracia en los diferentes ámbitos educativos. Autores como Tiana hacen referencia a la idea de trabajar el tema de la ciudadanía democrática. Una muestra de esta preocupación es la inclusión, entre los objetivos europeos para 2010, uno que dice textualmente: “Velar porque entre la comunidad escolar se promueva realmente el aprendizaje de los valores democráticos y de la participación democrática con el fin de preparar a los individuos para la ciudadanía activa”.

Para Pereira, la democracia es un valor afectivo-social en el que el ser humano:

          Tiene conciencia de sus derechos y deberes como persona, y está preparado y dispuesto a colaborar en el desarrollo, defensa y apoyo de la democracia que busca promover los valores personales y comunitarios del país.
          Tiene la capacidad para denunciar cualquier tipo de desorden.
          Trabaja para propiciar el establecimiento de un buen gobierno en cualquier institución y nivel.
          Tiene capacidad crítica y libertad para expresarse.
          Se relaciona positivamente con los demás.
          Otorga importancia a las normas de convivencia familiar y social.

Aunque se concuerda en lo esencial con lo expresado anteriormente en cuanto a la concepción de la democracia como valor, por el contenido atribuido, según la orientación que guía esta investigación, se concibe como una cualidad de la educación ciudadana que se enfoca mas bien desde una que comprenden, en primer lugar, la importancia intrínseca de la participación, la libertad individual y social para la vida humana.


Extraído de
La educación para una ciudadanía democrática en las instituciones educativas: Su abordaje sociopedagógico
Autores
Arturo Torres Bugdud
Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica
Universidad Autónoma de Nuevo León México
Nivia Álvarez Aguilar
Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica
Universidad Autónoma de Nuevo León México
María del Roble Obando Rodríguez
Facultad de Ciencias de la Comunicación
Universidad Autónoma de Nuevo León México


martes, 1 de octubre de 2013

Concepciones pedagógicas sobre ciudadanía y democracia


La idea de ciudadanía y democracia no es algo acabado, y tiene su historia ¿Qué transformaciones ha presentado? ¿Cómo se ha relacionado con la Educación? ¿Qué significa en la actualidad? ¿Por qué la escuela debe ser un lugar fundamental para la formación ciudadana? ¿Qué componentes fundamentales podemos reconocer en la educación ciudadana? ¿Qué exigencias involucra la democracia?


Los conceptos de ciudadanía y democracia son conceptos dinámicos, pero poseen historicidad y se renuevan con las transformaciones sociales. Etimológicamente, desde su origen en la Grecia clásica, democracia significa poder del pueblo, que era entendido como ciudadanía. Para los griegos, la ciudadanía era sinónimo de igualdad donde todos los miembros de la sociedad gozaban de iguales derechos para participar en la toma de decisiones políticas. A partir de los aportes de los filósofos ilustrados, a la idea de democracia se le añadió el concepto de soberanía, comprendida como el poder de gobernar, dicho poder se encontraba en la nación, en los ciudadanos, quienes debían depositar la cuota de poder que les correspondía en representantes del gobierno. Surge así el concepto de democracia representativa y el de ciudadano pasivo, depositario de la soberanía. Actualmente, tras los cambios políticos y económicos que se suceden vertiginosamente desde comienzos del siglo XX, tanto la idea de democracia como la de ciudadanía han presentado transformaciones significativas, sobre todo en el discurso, pues en la práctica todavía no satisfacen las necesidades ni personales ni sociales.

En el pensamiento griego es donde inicia la interdependencia entre democracia y educación, ya que la educación estaba presente en la vida misma y esta representaba la escuela de la ciudadanía. En la antigua Grecia, para cuya sociedad los valores eran de suma importancia, se asumían como principales: la democracia, la libertad, la belleza y la verdad.

El concepto de “formación ciudadana”, por su parte, indica como meta formativa, hacia los estudiantes, el logro de personas con clara conciencia de sus derechos, deberes y de la importancia de su participación en la dinámica del contexto social y político. La formación ciudadana es aquel potencial del individuo capaz de argumentar sus demandas, sus intereses y necesidades sociales, a la vez capaz de entender el razonamiento de los demás, el planteamiento de los otros, la diferencia y la disidencia (Savater).

Ser ciudadano significa poseer valores, actitudes y comportamientos democráticos: libertad, pluralidad, respeto, participación, identidad, y crítica argumentada, actividad transformadora y la sensibilidad que demanda el momento y contexto histórico y social. Desde este enfoque, el propósito de la formación ciudadana en las instituciones educativas va más allá de la simple institución del conjunto de normas que regulan la vida social y la formación de valores, para ubicarse en la aplicación y comprensión de los saberes y actitudes que permiten al estudiante integrarse a la sociedad y participar de la reconstrucción de la dimensión pública, del ámbito de la democracia y de los valores éticos y políticos que conforman la sociedad y su ordenamiento.

Estos procesos deben iniciarse en la familia, especialmente desde la edad escolar y en todos los niveles de las instituciones educativas. Como afirma Uribe: Pensando el mundo de la escuela como partícipe de ese mundo público, que es el encuentro del niño o del joven con una colectividad compleja, en la cual es un sujeto individual, particular, el cual se encuentra con otros sujetos particulares e individuales que no están unidos a él por ningún lazo afectivo, parental, doméstico o natural.

Según la citada autora (Uribe), debe ser la escuela el espacio fundamental para la formación ciudadana, por varias razones: es el lugar donde se da el primer encuentro con las diferencias y, en esa medida, con el autoconocimiento; es una organización formal regida por normas y con objetivos determinados, en ella se encuentra la ley que implica unas normas, unas obligaciones y unos derechos; el principio de orden y de organización social donde se socializan las formas de racionalidad.

Por las razones apuntadas, se ha de partir de un concepto de ciudadanía que comprenda “con realismo las exigencias mínimas de lo que debe ser un ciudadano democrático, . . . sin convertirle en un concepto vacío” (Del Águila). La educación ciudadana apunta a la inserción creativa y dinámica del estudiantado dentro de una sociedad democrática, que le permita un mayor desarrollo de sí mismo y de la sociedad en la que vive.

De esta forma, se considera ciudadano o ciudadana, a aquella persona que es participativa desde su juicio político (entendido este como la combinación de sentido moral y justicia) frente a lo intolerable y diferente, con capacidad reflexiva y crítica. Esta participación se apuntala desde lo que Magendzo denomina un sujeto de derecho, pues es capaz de hacer uso de su libertad, al aceptar los límites de esta; de reivindicar el ideal de la igualdad, reconociendo la diversidad, y de valorar la solidaridad desarrollando una actitud de respeto mutuo; es decir, de aceptación de la otra persona como un legítimo otro, como un ser diferente, autónomo en su capacidad para actuar y exigir que otros tengan una actitud semejante con él. Estos principios pueden encontrar su concreción en cada contexto y esfera de actuación del estudiantado; en sus relaciones con sus compañeros y compañeras, docentes, directivas, en su ámbito familiar y comunitario; pero si en las instituciones educativas no reciben un adecuado tratamiento, lógicamente no se traducirá en comportamientos acordes con dichos principios.

La formación ciudadana ha de permitir a los estudiantes y a las estudiantes la participación de manera decidida, consciente y autónoma en la defensa de los derechos para el bien de su colectivo. Según Ospina: “Para que la formación ciudadana sea una realidad es necesario también reeducar al maestro. Porque él tampoco creció con los referentes de justicia, participación democracia y respeto. El profesor es fruto de la historia de este país legada por la falta de participación, la intolerancia y el irrespeto por la diferencia”. La formación del ciudadano desde la institución educativa debe estar destinada no solo a consolidar la democracia como lo hace el régimen político, sino a potenciar el desarrollo de la democracia como un estilo de vida que favorece la convivencia. Educar para la democracia representa aprender a vivir en democracia, manifestar la capacidad de actuar cívica y responsablemente, evidenciando valores como la justicia, la libertad, la responsabilidad, la legalidad, el pluralismo, la tolerancia, el respeto mutuo, la participación y la democracia propiamente dicha. La formación ciudadana de las jóvenes generaciones constituye una necesidad debido a su repercusión que en la vida social y personal. La asunción responsable de los deberes que se asimilan desde el tiempo de estudios posibilita el valer los derechos tanto en ese período como en su vida futura.

A partir del análisis realizado, la educación ciudadana, en este trabajo, se define como el proceso constate de preparación del estudiantado en cuanto a la adquisición de los conocimientos, habilidades y valores para participar de manera activa y transformadora en los diferentes ámbitos: personales, escolares, comunitarios, del país y de la humanidad en general.

El análisis de las fuentes que aportan diferentes criterios y perspectivas de la educación ciudadana, así como la experiencia de los autores en el ámbito educativo, facilitan la determinación de los componentes fundamentales que integran la educación ciudadana. Para este estudio se consideran como indispensables los siguientes:

          La identificación, conocimiento y cumplimiento de los deberes y derechos de los ciudadanos (escolares, espirituales, familiares, sociales, etc.)
          Asunción de responsabilidades personales y colectivas
          Preparación para una participación efectiva en actividades de diversa índole (patriótica, social, política, cultural)
          Actuación democrática del estudiantado, como comprensión y a la vez como instrumento para la inserción activa, en la solución de los problemas en los diferentes contextos, mediante un equilibrado y adecuado vínculo de lo personal y lo social.

El tema de la democracia no siempre aparece asociado al de ciudadanía. Ha sido objeto de estudio de la filosofía, la sociología, incluso de la dirección científica (referente a los estilos de dirección), entre otras disciplinas. Sin embargo, desde la teoría y la práctica pedagógica, ha sido tratada insuficientemente. Posiblemente en muchas sociedades se ha omitido en las políticas educativas, con conocimiento de causa-efecto y, en otras, se ha cedido su tratamiento a otras instituciones, organismos, organizaciones e instituciones con exclusión de la escuela en sus diferentes niveles. Incluso, con frecuencia se identifica la democracia solo como un problema político.

Comúnmente, cuando se hace referencia al concepto democracia, se piensa en los valores que encierra dicho concepto, de aquí su amplitud y sus múltiples interpretaciones. La cuestión radica no solo en determinar estos valores, sino de qué forma pueden consolidarse en las instituciones educativas a través de estrategias concretas para la consecución de una verdadera cultura democrática. Entre estos valores destacan: la libertad, la justicia, la participación, la pluralidad, el respeto mutuo, la tolerancia, la solidaridad y la comunicación. Reconocer determinados valores contribuyen a educar para la democracia, por tanto, se concuerda con esta posición, considerando que son rasgos esenciales de la democracia, lo que no significa entenderla como la suma de dichos conceptos.

Desde una perspectiva similar, Sen explica que la democracia involucra exigencias complejas, que incluyen el voto y el respeto hacia los resultados; pero también implica la protección de las libertades, el respeto a los derechos legales y la garantía de la libre expresión y distribución de información y crítica. La práctica de la democracia, según este autor, ofrece a la ciudadanía la oportunidad de que unas personas aprendan de otras y ayuda a la sociedad a formar sus valores y prioridades, cuestiones esenciales a considerar en cualquier nivel educativo.


Extraído de
La educación para una ciudadanía democrática en las instituciones educativas: Su abordaje sociopedagógico
Autores
Arturo Torres Bugdud
Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica
Universidad Autónoma de Nuevo León México
Nivia Álvarez Aguilar
Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica
Universidad Autónoma de Nuevo León México
María del Roble Obando Rodríguez
Facultad de Ciencias de la Comunicación
Universidad Autónoma de Nuevo León México

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