lunes, 24 de junio de 2013

Ambientes de aula constructivos y creación de comunidad

¿Qué significa “Ambiente de aula constructivo”?  ¿Tiene incidencia en los aprendizajes? ¿Qué podemos hacer para buscarlo? ¿Qué significa “disciplina positiva”? ¿Qué importancia le damos al logro de autonomía?





Berta Daza y Laura Vega conciben que un ambiente de aula constructivo es aquel en el que alumnos y profesores reconocen y aprecian las características propias a cada uno, favorecen su desarrollo y autonomía, se tratan con respeto, sienten que se atiende a sus necesidades e intereses, construyen y respetan las normas, manejan de manera constructiva los conflictos, expresan sus emociones, se comunican de manera abierta y efectiva y cooperan mutuamente para el logro de sus metas. Los planteamientos anteriores se basan en el concepto de paz no solo como la ausencia, o al menos la ocurrencia mínima, de agresión física, verbal o psicológica, sino también la búsqueda activa del bienestar de los demás tanto como el propio. Esto se traduce en la generación de actitudes constructivas. En un ambiente de aula constructivo los estudiantes no solo comprenden la importancia de escuchar y prestar atención a los demás, también necesitan ponerlo en práctica para lograr mantener dicho ambiente. Esto no implica la ausencia de conflicto, los conflictos son naturales y propician que las relaciones interpersonales se profundicen, lo que se espera es que se entienda que el maltrato no se justifica para su manejo.



Lograr un ambiente seguro y apto para el aprendizaje es un empeño diario. Diversos autores han hecho propuestas conceptuales y metodológicas que llevadas al aula de forma integrada en las dinámicas de clase pueden contribuir en la generación de ambientes de aula constructivos. Algunas muy concretas pueden servir de ejemplo.



Daza y Vega, señalan las relaciones de cuidado. El cuidado es una característica de la relación entre las personas y se refiere al interés auténtico por el bienestar de cada parte de la relación. Con el fin de establecer relaciones de cuidado, se requiere estar muy atentos a las necesidades e intereses del otro y responder a esas necesidades. En un aula de clase no solo se espera que el maestro permanezca atento al bienestar de los estudiantes, sino que los mismos estudiantes busquen contribuir al bienestar de sus compañeros y del docente. Algo muy importante en las relaciones de cuidado dentro del aula es desarrollar un sentido de comunidad y de pertenencia, a lo cual puede contribuir:



ü     Crear espacios para que los estudiantes se conozcan.

ü     Dar oportunidad a todos de colaborar con actividades de la clase. Definir, algunas veces, metas del grupo en lugar de metas individuales.

ü     Crear espacios para analizar situaciones de conflicto que se presentan en el aula, alternativas de manejo constructivo y consecuencias de la implementación de dichas alternativas.



Nelsen y Lott proponen la disciplina positiva, con la cual se trata de crear un ambiente en el que los profesores, en lugar de castigar, buscan entender las motivaciones que hay detrás del comportamiento de los estudiantes, para encontrar soluciones, lo cual les permite involucrarse en la solución de sus problemas. Todo esto se fundamenta en la intención de dar ánimo y apoyo. La disciplina positiva, a su vez, propone diferentes estrategias de trabajo en el aula, dentro de las cuales se destacan las reuniones de clase, el fortalecimiento de las habilidades de comunicación, la búsqueda de solución a los problemas de manera conjunta (en vez de la aplicación de castigos) y la solución eficaz de los problemas. En las reuniones de clase se pueden conjugar varias de esas estrategias; son un espacio formal, dentro del desarrollo regular de las clases, en donde el grupo, docente y estudiantes, resuelve diferentes situaciones que son importantes para todos. Los temas que se discuten son escogidos por estudiantes y profesores; puede destinarse un cuaderno al que todos tengan acceso, en donde se anoten las preocupaciones que se quieren hablar en la próxima reunión de clase.



De acuerdo con Nelsen y Lott es ideal lograr algunos elementos claves para que las reuniones de clase sean productivas, por ejemplo:

a) deben realizarse regularmente;

b) organizar las sillas en círculo;

c) centrarse en la búsqueda de soluciones y no en la búsqueda de culpables;

d) rotar un objeto durante la discusión, la persona que tiene el objeto tiene el turno para hablar y, si no lo desea, puede pasar nuevamente el objeto sin decir nada;

e) centrar la responsabilidad en los estudiantes, y

f) tener paciencia mientras el docente y los estudiantes se familiarizan con la dinámica de las reuniones de clase (en ocasiones esto puede tomar varios días).



Las anteriores posibilidades tienen relación directa con la creación de comunidad, como lo exponen McMillan y Chavis: en las comunidades los miembros se sienten cómodos y seguros participando, se conocen entre ellos, reconocen y aprovechan las diferencias, saben que sus opiniones se oyen y respetan, siendo también necesario que respeten y escuchen a los demás; en una comunidad existen principios aceptados por todos y reglas cuya aplicación hace posible que la comunidad se mantenga saludable.





Extraído de
Sentimientos y actitudes en la escuela
Gloria I. Rodríguez
En
EDUCACIÓN, VALORES Y CIUDADANÍA
Bernardo Toro y Alicia Tallone
Coordinadores

viernes, 14 de junio de 2013

Identificación y expresión de emociones

La escuela puede contribuir a una mejor convivencia social, comenzando por repensar lo que sucede en ella ¿Qué hacemos por al aprendizaje emocional? ¿Ayudamos a reconocer los propios sentimientos? ¿A autoregurlarlos?




Sintetizando algunas ideas de Norbert Lechner, en muchos casos la vida cotidiana de las personas está atravesada por emociones y sentimientos, a los cuales no saben ponerles nombre, y sin nombre no hay manera de reflexionar, de conversar y compartir los dolores y las penas, tampoco las alegrías. Sin comunicación sobre las emociones no hay manera de generar confianza entre las personas y, por ende, no habría base subjetiva sobre la cual construir la cohesión social. En estas condiciones la convivencia social se reduce a estrategias de adaptación a un proceso de cambios ajeno y hasta hostil. El comportamiento prosocial debe reflejarse en la transformación social y para ello aprender lo necesario y básico en la escuela es fundamental.



Es frecuente que el aprendizaje emocional se dé por hecho; sin embargo, ni la familia ni la escuela se ocupa de él. En la escuela hay multiplicidad de escenarios y de oportunidades, para que tanto niños como adolescentes aprendan a identificar las emociones que experimentan en diferentes situaciones, lo cual debe comenzar por reconocer el mismo vocabulario de los sentimientos. En diferentes oportunidades, el vocabulario emocional es limitado incluso para los adultos. Saber la gran gama de sentimientos que un ser humano puede experimentar es un primer paso para identificar emociones. Aprender a reconocerlas en sí mismo y en los demás, sería el segundo.


La literatura y los hechos históricos representan excelentes disculpas para identificar las emociones de personajes ficticios y reales; para ver qué acciones siguieron a esas experiencias emocionales y cuáles fueron sus consecuencias; para luego pasar a la vida cotidiana de los estudiantes y determinar en qué situaciones ellos y otras personas de su entorno cercano experimentan o han experimentado esas emociones. Recordemos que el identificar emociones en otros conlleva el desarrollo de la empatía.


Además, es necesario tener en cuenta las normas, muchas veces implícitas, que se dan en la escuela para experimentar emociones autoevaluativas. Por ejemplo, se debería promover sentir orgullo por cooperar para el logro de una tarea común o por ayudar o consolar a otro, y no solo por destacarse individualmente; o adelantarse a la culpa que se debería sentir al maltratar a otro para evitar hacerlo. La indignación frente al sufrimiento causado a otros, por ejemplo en situaciones de bullying, debería llevar a otros a actuar para frenar la situación.



También, unida a la identificación de emociones está su autorregulación. En un principio, los niños dependen de la regulación externa, pero gradualmente incrementan los mecanismos internos de regulación. Esto es posible si se aprende desde temprano a manejar las propias emociones, especialmente aquellas que pueden llevar a producir daño o a escalar los conflictos, como la rabia y los sentimientos de venganza.





Extraído de
Sentimientos y actitudes en la escuela
Gloria I. Rodríguez
En EDUCACIÓN, VALORES Y CIUDADANÍA
Bernardo Toro y Alicia Tallone
Coordinadores

miércoles, 5 de junio de 2013

Aprendizaje cooperativo

Cada comunidad debería definir con claridad qué escuela pretende, y la sanluiseña, no es una excepción ¿Cómo debería ser el manejo del aula? ¿De qué manera se adquieren los conocimientos científicos? ¿Es un trabajo individual, o colectivo? Entonces ¿Queremos que nuestros alumnos aprendan en forma cooperativa, o compitan bajo una cierta meritocracia?



Como estrategia de manejo del aula, puede ser utilizada en todas las áreas académicas, pero implica que los equipos de maestros preparen sus clases de forma diferente. El aprendizaje cooperativo hace uso didáctico de grupos reducidos o subgrupos en donde los alumnos trabajan en conjunto para maximizar su propio aprendizaje y el de los demás. Este método contrasta con el aprendizaje competitivo, en el que cada alumno trabaja en contra de los demás, para alcanzar objetivos escolares propios como la obtención de una buena calificación que solo uno o algunos pueden obtener; y con el aprendizaje individualista, en el que los estudiantes trabajan por su cuenta, para lograr metas de aprendizaje desvinculadas de las de los demás alumnos. David Johnson, Roger Johnson y Edythe Holubec mencionan cinco elementos para que la cooperación funcione:

La interdependencia positiva: tarea clara, tener clara la idea de que se hunden juntos o que salen a flote juntos; cada miembro del grupo tiene una función y una tarea, cuyo cumplimiento es fundamental para alcanzar el objetivo de la actividad.


Responsabilidad individual y grupal: el grupo debe asumir la responsabilidad de alcanzar sus objetivos y cada miembro será responsable de cumplir con la parte del trabajo que le corresponda.


Interacción estimuladora: los alumnos deben realizar juntos una labor en la que cada uno es importante y en la que todos experimentan bienestar.


Prácticas interpersonales e intergrupales imprescindibles: ejercer la dirección, tomar decisiones, crear un clima de confianza, comunicarse, manejar los conflictos.


Evaluación grupal: los miembros de un grupo analizan en qué medida están alcanzando sus metas y manteniendo relaciones de trabajo eficaces. Los miembros deben determinar qué acciones de sus miembros son positivas o negativas, y tomar decisiones acerca de cuáles conductas conservar o modificar.





Extraído de
Sentimientos y actitudes en la escuela
Gloria I. Rodríguez
En
EDUCACIÓN, VALORES Y CIUDADANÍA
Bernardo Toro y Alicia Tallone
Coordinadores


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