viernes, 5 de abril de 2013

Educación para la salud, tabaquismo y su tratamiento «transversal»

La Educación para la Salud es uno de los principales desafíos de todo sistema educativo, y dentro de ella, la prevención y control de adicciones ocupa un lugar de preferencias. El tabaquismo puede ser considerado como la más perjudicial de las adicciones ¿Cómo tratarlo en la escuela? ¿Qué podemos hacer?


Las líneas siguientes, como podrá comprobarse, no sólo tienen validez en el campo de la educación formal, sino que pueden aplicarse en otras experiencias educativas de distinto carácter y naturaleza, si bien queda claro que el tabaco es uno de los contenidos que aborda la Educación para la Salud (EpS), una de las Materias Transversales. Sin profundizar en este aspecto, que no es nuestro objetivo, sí quisiera reafirmar la importancia de su inclusión como tal. En otros momentos ya he expresado el impulso que ha supuesto su consideración «curricular».

Según la LOGSE, la EpS se define como una enseñanza que debe estar presente en las diversas áreas educativas, en el conjunto del currículo y en todo el proceso educativo, en el propio proyecto educativo de la escuela. Debe ser un instrumento de concienciación acerca del propio valor de la salud para la vida. Se extiende más allá de las áreas de conocimiento, al campo de los valores y actitudes. Los Temas Transversales estimados por cada Comunidad Autónoma con transferencias en el ámbito educativo varían, aunque se basan fundamentalmente en el listado que consideró el M.E.C. En todos los casos se incluye la EpS como transversal, algunas veces junto a la Educación Sexual o Educación para el Consumo. Los contenidos relacionados con las Drogas se recogen dentro de la EpS, aunque a veces se explicitan como una transversal con suficiente peso como para ser tratada más específicamente. Tal como recoge los DCB, la EpS cumple las características para ser considerada materia transversal, ya que:

- responde a problemas que actualmente tiene planteada la sociedad;

- abarca contenidos de varias disciplinas y sólo pueden abordarse desde su complementariedad;

- no puede plantearse como programas paralelos al resto del currículum, ya que deben ser asumidos por el conjunto de los enseñantes y estar presentes en gran parte de los contenidos escolares;

- transciende del estricto marco curricular e impregna la totalidad de las actividades del centro; y

- está estrechamente relacionada con la transmisión de valores a través del currículum oculto.

Por lo tanto, abordar el tabaco en el aula es uno de los contenidos de la EpS, inmerso en un contexto más amplio de Promoción de la Salud. Existe un acuerdo general entre todos los países europeos sobre los contenidos que deben estar presentes en un programa escolar de EpS. Entre ellos se incluye el “Uso y abuso de medicamentos y drogas (legales e ilegales)”, con el tabaco, el alcohol y las drogas ilegales. La prevención del tabaquismo desde la escuela puede plantearse desde una filosofía general de la actuación educativa o desde el marco concreto de la EpS, pero una adecuada prevención exige la interacción en el Proyecto Educativo de Centro a través de sus diversos elementos, tales como el Plan de Acción Tutorial, Plan de Formación del Centro, Reglamento de Organización y Funcionamiento, objetivos educativos, relación ente todos los agentes implicados, etc. así como en el Proyecto Curricular de Etapa. La Educación sobre Drogas suele plantear objetivos en tres líneas:

- Objetivos de conducta: la total abstinencia, reducir los niveles de consumo, mantener ciertos niveles de consumo, modificar las situaciones en las que se fuma, etc.

- Objetivos afectivos: incrementar los sentimientos o actitudes negativas, disminuir las positivas, promover una actitud de aceptación hacia medidas sociales y políticas contra las drogas, modificar valores...

- Objetivos informativos: elevar el nivel de conocimiento relacionado con la naturaleza de las drogas, su química y propiedades farmacológicas y conductuales.

Estos objetivos se resumirían en:
a) distribuir una información de base sobre el tema a niños, padres, educadores y comunidad en general;
b) promover una mejor comprensión de los problemas causados por las drogas;
e) y proponer a los jóvenes soluciones y alternativas para responder a sus necesidades y aspiraciones.

En general, las hipótesis en las que se basan las actuaciones educativas son la posibilidad de modificar el comportamiento de los sujetos, si se modifica previamente su comportamiento, las actitudes y los sistemas de valores. En el Manual de Fonnación para el Profesorado y otros agentes educativos «La Educación para la Salud en el ámbito educativo>> (OMS y Comisión de la Unión Europea), se incluye el tabaco dentro del tema referido a la “Educación sobre las Drogas”. Se le presta una atención especial, por su carácter «legal», por su uso tan extendido, que además sirve de puente hacia otras drogas “ilegales”. Resumamos seguidamente los principales aspectos que se recogen en el mismo (Young).

Tratar el tabaco como uno de los contenidos a abordar en EpS requiere considerar el porqué, cómo y cuándo se consume. El profesorado debe ser consciente del problema, entender sobre el uso del mismo y estar familiarizado con técnicas de enseñanza que ayuden a los jóvenes a adoptar las decisiones oportunas. Es una parte más de la EpS escolar, siendo éste un programa que trata de todos los aspectos de salud personal, familiar y comunitaria, integrada en todo el sistema de valores de la escuela y el entorno familiar y social, fomentando la construcción de la autoestima, abordando las relaciones personales y facilitando la adopción de decisiones informadas como habilidades para los jóvenes. Para ello se requiere una adecuada planificación, incluyendo materiales y técnicas, con la implicación de todo el profesorado y olvidando los enfoques alarmistas y sensacionalistas.

Los contenidos a tratar deben incluir información sobre hechos y conceptos relacionados con el tabaco, sus efectos, aspectos legales de su uso, proceso de adicción, alternativas a su consumo... Más que un conjunto de conocimientos académicos, se trata de información para poder tomar decisiones, poner en práctica habilidades sociales y ofrecer modelos de comportamiento. El método debe ser eminentemente participativo, con un aprendizaje experiencia} y activo, con dinámicas de grupo para desarrollar relaciones personales (aumentando la autoestima y confianza).

Coincidiendo con lo apuntado anteriormente, la educación sobre el tabaco es un proceso que implica: informar al alumnado sobre la composición y sus efectos; tener en consideración los efectos sociales, mentales y físicos de su consumo; y el desarrollo de habilidades para adoptar decisiones adecuadas a las situaciones en las que se fuma. El Manual señala que la educación debe comenzar lo más pronto posible, pues en las primeras fases del uso de las drogas se aprenden los modelos de consumo, que pueden llegar a ser significativos para determinar las posteriores formas de uso. Y más teniendo en cuenta que es muy asequible a los jóvenes: lo pueden comprar fácilmente sin tener la edad legal para ello (v.gr., a través de las máquinas expendedoras automáticas). Son varios los aspectos que influyen en el desarrollo del hábito de fumar:

- los factores personales (los jóvenes lo asocian con una parte importante de su propia imagen);

- las influencias de iguales y amistades (un elemento socializador, de identidad al grupo, para introducirse en algún círculo);

- los modelos paternos y matemos: los padres fumadores son un aspecto facilitador (ampliable a otros posibles modelos a imitar, como son los docentes);

- la influencia de los medios de comunicación social y el entorno (que estimulan una actitud favorable para consumir tabaco, vendiendo valores e imágenes de deporte y triunfo social vinculado a las marcas);

- también influyen los conocimientos, valores, actitudes y objetivos relacionados con el fumar que se enseñan para prevenir su posterior consumo.

Las actitudes y los valores relacionados con el uso del tabaco se forman en una edad temprana, siendo a través de la observación y/o la experimentación como mejor se aprende. Abordarlo desde un modelo únicamente informativo-preventivo, basado en informar sobre los efectos y características de aquél, no basta para tener el éxito asegurado. Se puede tener bastante información, pero adquirir o mantener hábitos no saludables. De ahí el interés por modelos combinados que incluyan programas informativo-preventivos con modelos de actitudes. «La influencia de los factores ambientales es tan obvia que a veces no se les da importancia, y se piensa que con una mera información sobre el tema en cuestión es suficiente. En muchas ocasiones se supone que el solo conocimiento de los daños que produce el humo del tabaco es suficiente para que el adolescente deje de fumar. Ésta es una idea totalmente errónea, ya que está presionado por una multiplicidad de actores sobre los que a duras penas puede mantenerse firme, motivo por el que se necesita apoyo desde los más diversos ángulos» (Llorent).

De hecho, no se da siempre una relación estadística positiva entre conocimientos sobre drogas y su no consumo (valga el ejemplo de los docentes, médicos y enfermeros que fuman). Tampoco se da una relación casual entre cambios de conocimiento y variaciones en los hábitos de consumo. Muchos autores señalan que a los jóvenes les son más efectivos mensajes del tipo 'el tabaco ensucia los dientes', 'amarillentan las manos'... que los típicos 'perjudica la salud'.

A modo de corolario. Efectivamente, un reto sociopedagógico
El tabaco, esta droga «especial», es una cuestión importante a la que debe responder la EpS, superando el ámbito estrictamente sanitario y/o escolar. Es un reto comunitario, social. García Mínguez dice que el tabaquismo, como la adicción a otras drogas, se reconduce por canales sociales ... Sin duda un problema de envergadura en el que todos y todas estamos implicados. Concluimos sirviéndonos de las palabras de Víctor López y Rafael Manzanera en el Prólogo de una reciente obra sobre el tabaquismo que enfocan la compleja realidad a la que nos enfrentamos. «Es en España la primera causa aislada de enfermedad evitable, invalidez y muerte prematura, y necesita un abordaje integrado, en el marco de una política integral de salud: reducir la cuestión al libre albedrío personal seria una dejación política y un cinismo inaceptable. En efecto, si el tabaquismo es un problema mayor de salud (a diferencia de hace un siglo) es por el formidable negocio que lo propicia y por la naturaleza adictiva de la nicotina».

En este contexto, es una situación singular: se trata del único producto de consumo capaz de producir lesiones y hasta la muerte a muchos de sus usuarios al ser utilizado estrictamente conforme a las indicaciones del fabricante.

Esta realidad lleva a la industria tabaquera a la posición extrema de negar lo evidente, pues cualquier otra postura la confrontaría a la asunción de sus responsabilidades y cuestionaría la esencia de su negocio. En un contexto democrático, y ante un producto utilizado por una porción no mayoritaria pero relevante de la población, no se plantea su prohibición. Pero sí creemos necesaria una regulación rigurosa de los productos de tabaco, de su comercio, promoción y consumo, en defensa de los bienes públicos, como la salud de la población y la protección de los menores. Por ello, la prevención del tabaquismo no puede basarse sólo en estrategias centradas en los servicios sanitarios. El rol de los profesionales asistenciales de ayudar a los fumadores a romper su adición es crucial para muchas personas. Pero la prevención supera los límites de los servicios clínicos. Una política preventiva frente al tabaco implica el desarrollo de estrategias inspiradas en las ciencias políticas y sociales, capaces de comprender y usar los medios de comunicación. En realidad, perfila una nueva agenda de salud pública y de promoción de salud, en la que debe destacarse el papel fundamental del ámbito educativo formal, no formal e informal.




Extraído de
El tabaco como reto educativo. Una revisión desde una perspectiva sociopedagógica
Juan Agustín Morón Marchena
Universidad de Sevilla

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