martes, 8 de octubre de 2013

La democracia como cualidad esencial de la educación ciudadana


Creemos que la democracia es una manera de ver al mundo, y mantiene algunos principios ¿Es un orden social natural o construido? ¿Existe un modelo ideal de democracia? ¿Hacia donde debe estar orientada? ¿Podemos pensar una democracia sin conflictos? Por otra parte ¿Es necesario revalorizar el tema "democracia" en las escuelas?


La democracia como cualidad esencial de la educación ciudadana también es educable, de ahí que diferentes autores hagan referencia a ella como un aspecto a superar en las instituciones educativas. Así, Smith afirma que, si en las escuelas se pretende promover valores democráticos, se necesita eliminar las relaciones autoritarias.

Existen varios trabajos que otorgan un alto valor a la “educación para la democracia”, término acuñado hace varios años y que ha cobrado vigencia en la actualidad. Entre otros autores que abordan la democracia desde una óptica educativa y pedagógica.

Al considerar que la escuela ha de ser un reflejo de la sociedad ideal, es importante tener en cuenta estos elementos en el tratamiento pedagógico de la democracia, pues cuando el estudiante se prepara, entonces, podrá contribuir con el funcionamiento de la sociedad, de acuerdo con dichas expectativas. Es obvio que la democracia no solo significa poder del pueblo, expresión tan confusa que se puede interpretar en todos los sentidos, hasta para legitimar regímenes autoritarios y represivos; puesto que es muy común en esos regímenes que las decisiones descienden del estado hacia el sistema político, luego hacia la sociedad civil. En este proceso se da participación a los ciudadanos, no tanto para tomar en cuenta sus propuestas, sino para aparentar que existe una amplia participación ciudadana.

De acuerdo con una visión más abarcadora, la democracia es una “. . . forma de vida que tiene implicaciones y manifestaciones en la vida cotidiana. Por lo tanto, tiene que estar profundamente arraigada en los patrones culturales que se producen y reproducen en [el quehacer diario], en la familia, en la escuela, en el trabajo, en los medios de difusión y todos los lugares de las esferas pública y privada” (Sánchez). Esta idea reafirma el papel de la escuela en la educación desde la democracia y para esta.

Por otra parte, según Toro, la democracia no se puede identificar como un partido, una religión o una ciencia, sino que es una forma de ver el mundo: una cosmovisión. Vista de esa manera, tiene la particularidad de que conservándolo todo, lo ordena de manera diferente. Desde esta perspectiva, este autor introduce el concepto de ethos democrático, que consiste formas democráticas de pensar, sentir y actuar, y puntualiza los siguientes principios, para la comprensión de la democracia y su implicación para el proceso formativo del estudiantado:

1.         Principio de secularidad: todo orden social es construido. El orden social no es natural, por eso son posibles las transformaciones de la sociedad. La democracia no es natural al ser humano, por ello es necesario enseñarla y aprenderla.

2.         Principio de incertidumbre: no existe un modelo ideal de democracia que se pueda copiar o imitar, cada sociedad debe crear su propio orden democrático. A cada sociedad le corresponde comenzar a construir el orden democrático a partir de su historia, sus conocimientos, su tradición, su memoria; a partir de lo que es y lo que no es, de lo que tiene y de las proyecciones que puede hacer.

3.         Principio ético: aunque no existe un modelo ideal de democracia, todo orden democrático está orientado a hacer posibles los derechos humanos, a cuidar y proteger la vida, a trabajar por el bien común.

4.         Principio de complejidad: el conflicto, la diversidad y la diferencia son constitutivos de la convivencia democrática. Una sociedad comienza a resolver sus conflictos y a adquirir una conducta democrática cuando asume el concepto necesario de oposición, y aprende a deliberar y converger.

En las fuentes referenciadas se observa una gama de términos y enfoques de la democracia en el campo educativo. Entre los más difundidos están su definición como cosmovisión, forma de vida, como un valor en sí misma, como valor que integra un conjunto de valores. Los términos más usados asociados con su educación son: educación democrática, educación para la democracia y educación en la democracia. En este caso, se concibe asociada a la educación ciudadana y afiliada, esencialmente, a la libertad de expresión, la igualdad, el respeto y la implicación personal consciente en unidad con los intereses sociales. De aquí que los términos “educación para una ciudadanía democrática” o “educación ciudadana democrática” hacen notar que la democracia se instituye como su rasgo esencial.

La democracia es el rasgo esencial de la educación ciudadana, ya que la percepción del estudiantado de su propia ciudadanía y la participación comunitaria son imposibles de alcanzar sin una participación activa y abierta en todas aquellas decisiones y procesos relacionados con sus vidas. Por esta razón, los diferentes enfoques pedagógicos hacia la formación tienen un impacto significativo para la asimilación de los valores y la conciencia ciudadana.

La necesidad de fortalecer la democracia desde la escuela está latente en todos los países del mundo. En este sentido, Carr destaca que “… si bien muchos factores participan de la formulación y encuadre de la democracia en las escuelas, los profesores juegan un rol muy claro e importante a la hora de cultivar y moldear la experiencia educativa de los estudiantes en relación con sus actitudes, conductas, ideologías y compromisos –presentes y futuros – en torno a la democracia”. Es frecuente que en las instituciones educativas se mantenga la tendencia hace mucho obsoleta de considerar al estudiante como objeto de formación, pero es precisamente porque tanto para directivos como para educadores la práctica de la democracia no constituye un objetivo primordial del trabajo educativo.

Se podría justificar que el tan esgrimido “protagonismo estudiantil”, la posición de sujeto del estudiantado y los métodos participativos, entre otros, podrían sustituir la esencia de esta práctica milenaria; empero, no es tan simple el asunto. Precisamente por estar ausente como contenido, forma y método en las instituciones educativas, con frecuencia, los estudiantes son objeto de abusos de todo tipo por docentes, directivos, y más bien se acogen a la “práctica del silencio” para evitar ser objeto de represalias. Lógicamente, en tales casos, confluyen diversos aspectos y factores, pero sin lugar a dudas una práctica educativa transparente, participativa, a fin de cuentas democrática, podría contribuir en mayor medida a la formación del hombre que necesita la sociedad de hoy.

La posibilidad de pensar y actuar por sí mismos como elementos claves de la democracia se podría alcanzar mediante la educación, en conjunto con las múltiples instituciones educativas y culturales existentes. Sin embargo, la educación autoritaria y represiva no acaba de ceder al paso a una de tipo diversa, plural, reflexiva, potenciadora del criterio propio. Cuánta razón tenía Enrique José Varona9 cuando expresó: “¿Quién me tiraniza?, ¿el que me sofoca, me descoyunta, me azota, me atenaza o me tuesta a fuego lento? No. El que me obliga a ocultar o simular lo que pienso” (Varona).

No obstante, en los últimos años se ha revalorizado el tema de la democracia en los diferentes ámbitos educativos. Autores como Tiana hacen referencia a la idea de trabajar el tema de la ciudadanía democrática. Una muestra de esta preocupación es la inclusión, entre los objetivos europeos para 2010, uno que dice textualmente: “Velar porque entre la comunidad escolar se promueva realmente el aprendizaje de los valores democráticos y de la participación democrática con el fin de preparar a los individuos para la ciudadanía activa”.

Para Pereira, la democracia es un valor afectivo-social en el que el ser humano:

          Tiene conciencia de sus derechos y deberes como persona, y está preparado y dispuesto a colaborar en el desarrollo, defensa y apoyo de la democracia que busca promover los valores personales y comunitarios del país.
          Tiene la capacidad para denunciar cualquier tipo de desorden.
          Trabaja para propiciar el establecimiento de un buen gobierno en cualquier institución y nivel.
          Tiene capacidad crítica y libertad para expresarse.
          Se relaciona positivamente con los demás.
          Otorga importancia a las normas de convivencia familiar y social.

Aunque se concuerda en lo esencial con lo expresado anteriormente en cuanto a la concepción de la democracia como valor, por el contenido atribuido, según la orientación que guía esta investigación, se concibe como una cualidad de la educación ciudadana que se enfoca mas bien desde una que comprenden, en primer lugar, la importancia intrínseca de la participación, la libertad individual y social para la vida humana.


Extraído de
La educación para una ciudadanía democrática en las instituciones educativas: Su abordaje sociopedagógico
Autores
Arturo Torres Bugdud
Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica
Universidad Autónoma de Nuevo León México
Nivia Álvarez Aguilar
Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica
Universidad Autónoma de Nuevo León México
María del Roble Obando Rodríguez
Facultad de Ciencias de la Comunicación
Universidad Autónoma de Nuevo León México


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