martes, 10 de septiembre de 2013

Democratizar la escuela

En San Luis (Arg) vivimos en una democracia de baja calidad, estamos habituados al sometimiento de los poderes judicial y legislativo, por parte del ejecutivo,  al clientelismo como manera de hacer política, los medios están concentrados en la familia que controla la gobernación, etc. ¿La falta de democracia se limita a esos ámbitos? ¿Las escuelas se desarrollan en un ambiente democrático y participativo? Ciertamente poco se cambió en las últimas décadas. Los siguientes párrafos, pensados para el contexto español, tienen vigencia en muchos otros.


En los últimos tiempos, asistimos a un debate público sobre la convivencia escolar, un tema que considero que está íntimamente ligado a la participación y democratización de la escuela, en realidad el asunto de fondo, porque los destinos de los pueblos no pueden ser sólo patrimonio de quienes los gobiernan, y porque una verdadera democracia exige el compromiso de una ciudadanía informada y activa.


El centro educativo es el espacio donde niños y jóvenes realizan el aprendizaje de las relaciones sociales y donde deben darse los primeros pasos hacia la democracia participativa. La escuela es una suerte de microcosmos en el que confluyen múltiples identidades sociales, culturas e intereses, y que tienen por objeto educar, de manera integral, a los adultos del futuro. Curiosamente, la escuela de hoy está fallando en su objetivo primordial: la preparación del alumnado para su transición a la vida adulta como ciudadanos responsables y conscientes de su proyección universal, independientemente de los conocimientos y saberes puramente académicos. Pero democratizar la escuela no es tarea fácil.


De momento, sería imprescindible reflexionar sobre la institución escolar, su organización, sus jerarquías. De nada sirve poner en marcha programas puntuales que no vayan más allá de lo meramente burocrático, si no somos capaces de sentarnos a concretar de forma consensuada la organización escolar y los planes específicos que cada escuela necesita. Considero que también habría que regresar, en cierta manera, a los orígenes: repensar el proyecto educativo de centro que es, sin duda, el punto de partida para trabajar cada una de las distintas realidades de la escuela como institución.


Otra actuación para democratizar la escuela es acercar a las familias, lo que ayudaría a establecer un lugar de encuentro entre objetivos y expectativas reales que toda la comunidad educativa pretende lograr en la educación de los menores, y para hacer más sencilla y eficiente la labor educativa de familias y escuela. Para ello, creo que los docentes y equipos directivos tienen un papel importante como dinamizadores. Familias y escuela deberíamos trabajar en equipo, actuar conjuntamente ante los problemas que puedan surgir en la convivencia escolar y en las alteraciones del ritmo escolar y social.


Para democratizar la escuela, los consejos escolares también deberían ser auténticos foros de participación, debate, consenso y decisión, y no limitar sus funciones a enumerar las decisiones tomadas en los claustros y a la aprobación de documentos que, en muchos casos, ni siquiera han sido elaborados por el conjunto de la comunidad educativa. No deben servir sólo para exponer las estadísticas de evaluaciones, las gestiones del equipo directivo, las peticiones de obras, material o mejoras, sino que tienen que tener también una función decisoria. Participar significa aportar, escuchar y ser escuchado.


En resumen, para democratizar la escuela propongo que hagamos un análisis sobre la institución escolar, repensemos su proyecto educativo, acerquemos las familias a la escuela y convirtamos los consejos escolares en verdaderos foros de participación.

 “Hay que acercar las familias a los centros educativos.”



Autor
Jesús Antonio Fernández Corrales
Presidente de FAPA “Miguel Virgós” de Asturias
En
Padres y madres de alumnos y alumnas

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