martes, 17 de septiembre de 2013

Alfabetización económica en la escuela


Desde este blog hemos sostenido que la escuela debe ser alfabetizadora en todos sus aspectos. Se entiende por persona alfabetizada no aquella que conoce simplemente los rudimentos, sino la que es capaz de interactuar socialmente ¿Qué significado se le da a la “Alfabetización económica? ¿Cuál es su importancia? ¿Debe constituirse en un desafío para la escuela?
 


La alfabetización económica es un constructo que hace referencia a aquel conjunto de conceptos, habilidades, destrezas y actitudes que permiten al individuo la comprensión del entorno económico cercano y global, y la toma de decisiones eficientes de acuerdo a sus recursos financieros (Yamani). De acuerdo con Buckles y Melican un individuo económicamente alfabetizado es aquel que cuenta con las herramientas conceptuales y procedimentales mínimas para entender su mundo económico, interpretar los eventos que pueden afectarlo directa o indirectamente, y tomar decisiones personales y sociales sobre el sinfín de problemas económicos que se encuentran en la vida cotidiana. En un estudio sobre socialización económica en familias de clase media de la ciudad de Temuco, realizado por Denegri et al., se encontró que los padres no eran un vehículo adecuado para transmitir información de este tipo y que cada individuo debió adquirir conocimientos del mundo del dinero por sí mismo. Aunque los padres reconocen la importancia de la educación económica esto no se traduce en prácticas cotidianas de socialización.

Los hábitos o conductas de consumo han sido definidos como las actividades físicas, mentales y emocionales que las personas realizan cuando seleccionan o adquieren productos y servicios con el fin de satisfacer sus necesidades y deseos. La conducta del consumidor implicaría una serie de decisiones y actitudes sobre si consumir o ahorrar, sobre qué consumir, sobre la compra y el shopping, y sobre el uso de esos bienes. Denegri et al. plantean la existencia de perfiles o estilos de conductas relacionadas con los hábitos de consumo: los denominados perfiles "reflexivo" e impulsivo. El primero referiría a un estilo de consumidor eficiente y eficaz, mientras que en el segundo predomina la "tendencia a conductas impulsivas de consumo", es decir, refiere a un consumidor con mayores posibilidades de efectuar compras poco eficaces vinculadas al uso del crédito como vía de acceso a los bienes. Denegri et al., plantean que estudios realizados en la Región de la Araucanía, indican la preponderancia del perfil "impulsivo", ocurriendo que un porcentaje importante de sujetos dice gastar más de lo que debería, lo que se asocia a sentimientos negativos y sensación de no ser capaz de cubrir todas sus necesidades, afectándose así la percepción subjetiva sobre la propia situación financiera.

La actitud frente al endeudamiento se define como la posición subjetiva que un individuo adopta respecto al uso del crédito para la satisfacción de sus necesidades materiales. Según Denegri et al. las actitudes hacia el endeudamiento mediarían en las decisiones de consumo. Habrían dos perfiles o estilos actitudinales: El "Austero" y el "Hedonista". El estilo actitudinal "austero", se caracteriza por un enfrentamiento cauteloso al endeudamiento, manteniendo una posición más tradicional en el manejo y administración de los recursos financieros. Este perfil evitaría el crédito y tendería al ahorro. El estilo actitudinal "hedonista", por su parte, se caracteriza por un uso del endeudamiento como recurso habitual para el logro de los bienes y servicios requeridos. Este perfil, entonces, utilizaría privilegiadamente las estrategias del crédito y no la del ahorro. Estudios recientes indican que un alto porcentaje de sujetos reconoce que el uso del crédito es parte esencial de su actual estilo de vida, pues le permite acceder a una batería de bienes mejorando su calidad de vida. Si bien es cierto las personas valoran la austeridad y se identifican con prácticas racionales en el uso del crédito, también reconocen que el crédito es una vía rápida de satisfacción de la necesidad de consumo. Denegri et al. destaca el hecho de que el uso masivo del crédito ha cambiado el perfil de la sociedad transformándola en sociedades de consumo. Wilkie señala que los símbolos de estatus son productos que sirven para enviar a otros mensajes sobre el estatus social elevado de una persona; también sirven a menudo para decirle a la propia persona internamente que él/ella ha llegado o lo ha logrado, o tiene un valor personal Luna et al. plantean que se hace necesario promover acciones educativas desde temprana edad lo que nos permitirá una mejor comprensión de por qué compramos y como ello se relaciona con nuestra identidad.



Extraído de:
LA ALFABETIZACIÓN ECONÓMICA, HÁBITOS DE CONSUMO, ACTITUD HACIA
EL ENDEUDAMIENTO Y SU RELACIÓN CON EL BIENESTAR PSICOLÓGICO
EN FUNCIONARIOS PÚBLICOS DE LA CIUDAD DE PUNTA ARENAS
María G. Herrera A., Claudia A. Estrada G. y Marianela Denegri C.

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