viernes, 9 de agosto de 2013

Decálogo del buen docente. Para pensar

No creo que exista un “Decálogo universal del buen docente”, lo cual no significa que no podamos tener uno propio. El siguiente me parece apropiado en un 98%, creo además que ayuda a reflexionar.



Entre otras, en este decálogo verás las 10 características principales de los buenos profesores y las buenas profesoras según Justin Tarte, en su blog (en inglés) Life on a Educator. Seguro que se os ocurren más formas de ser buen/a docente...



Los/as grandes docentes...

10 - Escogen y eligen sus batallas: lo que es realmente importante y una prioridad, o lo que no lo es

9 - Rara vez se quedan detrás de su mesa, y rara vez se sientan. Saben que el verdadero trabajo se hace "en las trincheras", y por eso recorre el aula

8 - No tienen miedo de pedir disculpas y admitir sus errores: saben lo importante que es correr riesgos en el aula y que la toma de decisiones sobre las cosas nuevas, las innovaciones, que aporten al aula es una gran responsabilidad

7 - Son reflexivos/as y se toman su trabajo como algo personal: cuando las cosas no salen según sus previsiones, se toman su tiempo para reflexionar y considerar formas alternativas... para la próxima.

6- Son excelentes conversadores/as. Pueden conseguir un aula llena de estudiantes debatiendo, con facilidad: son maestros y maestras de las preguntas y planteamientos que llevan al alumnado a un nivel superior de reflexión

5 - Pueden justificar y explicar sus decisiones a sus colegas, a las familias y a los alumnos y alumnas. Nunca hacen las cosas solamente porque "siempre se han hecho así"

4 - No se preocupan por lo "bien" que hacen las cosas, por lo "duro que trabajan"... sino por la calidad del aprendizaje de sus estudiantes y por cómo les han ayudado a crecer. Son capaces de cambiar el enfoque y mantener la atención de sus alumnos y alumnas, mostrando empatía

3 - Esperan y exigen mucho a sus colegas: quieren ser parte de algo más grande que ellas y ellos mismos. Creen, firmemente, que a través de la colaboración podemos lograr algo más.

2 - Siempre están buscando maneras de mejorar su práctica docente y perfeccionar las competencias profesionales; no están impresionados/as la nueva y resplandeciente herramienta, sino en la herramienta que realmente mejora el aprendizaje del alumno o la alumna y su éxito personal, académico y/o profesional

1 - Valoran, sobre todo lo demás, las relaciones con su alumnado: cuando los y las estudiantes lo necesiten, estará allí para aconsejarles y ayudarles hasta que no quede ningún otro recurso



Fuente: Escuela 2.0

2 comentarios:

Al Marqz dijo...

¿Aproximación a un decálogo universal? Tal vez no puse suficiente atención, pero nunca ví que aplicaran el punto #8 en mis primeros 10 años de alumno, posteriormente lo llegaron a hacer pero como tomando impulso para alguna ironía o tarea dura. Pero admiré y agradezco a todos mis preceptores, mi respeto a todos ellos.

PTB

Rosa dijo...

Interesante post y decálogo.
Cómo estudiante que he sido y desde el prisma de la edad adulta, y mirando hacia atrás si me lo permites, me gustaría dejarte un par de reflexiones, que me han venido a la ,ente mientras lo leía :

1) En primer lugar qué puedo distinguir dos etapas claramente diferenciadas sobre la percepción de un buen o un mal docente con las quw me encontré yo, que ahora tengo 40 años. Una, sería la de la infancia, en la qué supongo que la mayoría de niñ@s de mi generación, que nos encontramos entre dos tipos de docentes : los de la vieja escuela y los de la nueva escuela. En mi caso particular, entré a estudiar en un colegio que había sido de curas, aunque quedaban ya pocos; y desde su inicio había sido colegio masculino. Ya se sabe en esa época era más lçogico que las niñas fuesen a colegio de monjas y los niños de curas. Más por elección familiar y qué justamente cuando a mi me tocaba entrar en el colegio aceptaron la primera promoción de niñas ( éramos 27 sólo, en un colegio de casi 900 alumnos), viví esa combinación. Dónde los maestros de la vieja escuela eran de mano dura y en ocasiones larga, sino era un tirón de orejas, te podías llevar un buen reglazo en la punta de los dedos. Con profesores mucho más jóvenes y otra percepción de la educación y el trato con los alumnos. Sin ser blandos si eran más dialogantes y tolerantes.
Luego ya se sabe, llega la etapa adolescente, y por defecto nos volvemos rebeldes con todo lo que sea autoridad, y te atreves más a mostrar tus antipatías hacia ciertos profesores/as. A pesar de ello, recuerdo con mucha ternura a dos profesores que tuve magníficos por su manera de enseñar, disfrutaban haciéndolo y eso llega al alumno. Y luego ya pasamos a la etapa universitaria. Qué nada tiene que ver con las anteriores; pues sabemos apreciar mucho más cuando un profesor es bueno, le gusta lo que enseña, se implica, cree en lo que te está enseñando, cuestiona, pregunta...eso es l oque me lleva la 2a reflexión que quería plasmar
2) Y es que es tan cierto que el profesor que está sentado, cómo colocando una barrera entre él y sus alumnos, consigue que perdamos interés o que la asignatura en cuestión por mucho que nos gustase, acabara haciéndose tediosa. Al contrario qué el que aquell@s que empatizaban contigo, que hasta le ponían un toque de humor. Seguían el temario pero añadían cosas fuera de él. Eso era un lujo e hizo que vivese grandes momentos y asignturas en la carrera de Derecho.
Un cordial saludo, Alberto!

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