viernes, 14 de junio de 2013

Identificación y expresión de emociones

La escuela puede contribuir a una mejor convivencia social, comenzando por repensar lo que sucede en ella ¿Qué hacemos por al aprendizaje emocional? ¿Ayudamos a reconocer los propios sentimientos? ¿A autoregurlarlos?




Sintetizando algunas ideas de Norbert Lechner, en muchos casos la vida cotidiana de las personas está atravesada por emociones y sentimientos, a los cuales no saben ponerles nombre, y sin nombre no hay manera de reflexionar, de conversar y compartir los dolores y las penas, tampoco las alegrías. Sin comunicación sobre las emociones no hay manera de generar confianza entre las personas y, por ende, no habría base subjetiva sobre la cual construir la cohesión social. En estas condiciones la convivencia social se reduce a estrategias de adaptación a un proceso de cambios ajeno y hasta hostil. El comportamiento prosocial debe reflejarse en la transformación social y para ello aprender lo necesario y básico en la escuela es fundamental.



Es frecuente que el aprendizaje emocional se dé por hecho; sin embargo, ni la familia ni la escuela se ocupa de él. En la escuela hay multiplicidad de escenarios y de oportunidades, para que tanto niños como adolescentes aprendan a identificar las emociones que experimentan en diferentes situaciones, lo cual debe comenzar por reconocer el mismo vocabulario de los sentimientos. En diferentes oportunidades, el vocabulario emocional es limitado incluso para los adultos. Saber la gran gama de sentimientos que un ser humano puede experimentar es un primer paso para identificar emociones. Aprender a reconocerlas en sí mismo y en los demás, sería el segundo.


La literatura y los hechos históricos representan excelentes disculpas para identificar las emociones de personajes ficticios y reales; para ver qué acciones siguieron a esas experiencias emocionales y cuáles fueron sus consecuencias; para luego pasar a la vida cotidiana de los estudiantes y determinar en qué situaciones ellos y otras personas de su entorno cercano experimentan o han experimentado esas emociones. Recordemos que el identificar emociones en otros conlleva el desarrollo de la empatía.


Además, es necesario tener en cuenta las normas, muchas veces implícitas, que se dan en la escuela para experimentar emociones autoevaluativas. Por ejemplo, se debería promover sentir orgullo por cooperar para el logro de una tarea común o por ayudar o consolar a otro, y no solo por destacarse individualmente; o adelantarse a la culpa que se debería sentir al maltratar a otro para evitar hacerlo. La indignación frente al sufrimiento causado a otros, por ejemplo en situaciones de bullying, debería llevar a otros a actuar para frenar la situación.



También, unida a la identificación de emociones está su autorregulación. En un principio, los niños dependen de la regulación externa, pero gradualmente incrementan los mecanismos internos de regulación. Esto es posible si se aprende desde temprano a manejar las propias emociones, especialmente aquellas que pueden llevar a producir daño o a escalar los conflictos, como la rabia y los sentimientos de venganza.





Extraído de
Sentimientos y actitudes en la escuela
Gloria I. Rodríguez
En EDUCACIÓN, VALORES Y CIUDADANÍA
Bernardo Toro y Alicia Tallone
Coordinadores

1 comentario:

Amparo Muñoz dijo...

Muy apropiado el artículo y completo. Sería igual de importante ayudar a los pequeños a identificar y tomar conciencia de sus sentimientos. Quiero creer que algún día veremos los resultados de estudios como el tuyo y se aplicarán en las aulas de todo el mundo. Saludos

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