miércoles, 28 de noviembre de 2012

Despersonalización y contención en el secundario

En los últimos tiempos se hizo cada vez más visible el fenómeno que deja una pregunta ¿Por qué los alumnos no aprenden en el secundario? ¿Será porqué se devaluó el título? ¿O porqué “vivir la vida” no es estudiar? ¿Contenidos desactualizados? ¿Metodologías inapropiadas? ¿Falta de apoyo familiar? ¿Institución escolar desactualizada? ¿Atención escolar despersonalizada? ¿Falta de contención? ¿Una combinación de estos y otros factores? Los siguientes aportes, se refieren al tema.




“Hay que pensar una ingeniería institucional que permita que los profesores concentren las horas en menos escuelas y en menos cursos, como para que puedan tener un seguimiento más personalizado y compartir su trabajo con otros profesores. Hoy muchos chicos pasan de una escuela muy personalizada y muy contenedora, como la primaria, a una que es tierra de nadie, donde cada docente es responsable de dos, tres, cuatro horas por semana pero nadie es responsable del curso. Entonces cobra importancia el rol de un tutor. Si le sumamos la capacitación de docentes y la apertura de la escuela los sábados, para que los chicos puedan hacer talleres –de música, escritura, cine, fotografía, artes visuales–, los alumnos van a sentirse más acogidos. Es importante que las escuelas medias tengan un gabinete donde se discutan las problemáticas del aprendizaje, y también otro tipo de cuestiones que los chicos llevan a la escuela: el cigarrillo, la droga, la orientación vocacional, la identidad sexual. Muchos de esos temas no se hablan siquiera en la familia, y si la escuela no genera un espacio, no se conversan en ningún lado. La personalización es un tema fundamental. Los procesos de aprendizaje son únicos en cada chico.» (Daniel Filmus)


 Según informes del Siteal, casi el 65 % de la población Argentina de 18 a 24 años fue excluida de la escuela media.


«Me indigna cuando contraponen la escuela que da de comer y la escuela que enseña. La escuela tiene que dar de comer y enseñar: ambas cosas. Estoy de acuerdo en que de ningún modo un maestro tiene que dar de comer, porque no es su función. Por eso sostengo que la escuela ya no es un monopolio docente; hoy es una tarea interdisciplinaria. No concibo una escuela que no tenga sociólogos, psicólogos, trabajadores sociales. Porque lo que pasa en la casa, también pasa en la escuela. A una familia, la secundaria también tiene que recibirla; pero no sólo para que el adulto colabore, sino también para que encuentre un lugar. Por eso los secundarios tienen que estar abiertos de lunes a lunes; no pueden decir: “hasta mi puerta soy responsable y fuera de mi puerta ya no lo soy”. Para eso hay que corregir esa modalidad de docente que da clase y se va y no se compromete con la escuela. Hoy el alumno es un número. El chico requiere que lo comprendan, que entiendan su lenguaje. También es verdad que hay docentes que cuando un chico falta van a la casa a averiguar qué pasó, si está enfermo, si se fue a trabajar, si está preso, si lo mataron... Es necesario trabajar sobre todos los chicos y eso significa trabajar sobre cada uno. Todo eso implica un cambio de actitudes; no es fácil lograrlo en una persona que viene con una trayectoria, una tradición de enseñanza donde el docente es el dueño del aula; donde puede ser autoritario y discriminador.» (Abraham Gak)



«La idea de conocer a los chicos, que como idea es productiva, ha generado a veces un conocimiento al detalle de sus historias de vida que puede volverse en su contra. En ocasiones, aparece cierto paternalismo que limita. A partir de conocer las dificultades económicas de un chico puede surgir el consejo de los docentes para que se pase a la escuela de adultos, para que no concurra a la educación superior o para que no vaya a una escuela céntrica, porque supuestamente es condenarlo al fracaso. Entonces hay que tener en cuenta, para modificarlas, las prácticas estigmatizadoras, que están muy extendidas. Por otro lado, se ponen “muletas”: más tutores, más acompañamiento, más supervisión; pero lo que siempre está en la base es el diagnóstico del déficit: los chicos no saben, no pueden, no traen. Estaría bueno que cuando se piensan herramientas supletorias –como la escuela de verano, las clases de los sábados, el apoyo escolar– no fueran sólo para los que tienen algún déficit, sino que también puedan ir aquellos a los que les gusta mucho un determinado campo, que tienen un talento para desarrollar.» (Myriam Southwell)







Extraído de
Investigar el secundario
Cuaderno de discusión Nro 1
El Dilema del Secundario
UNIPE
Editorial Universitaria

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