jueves, 30 de enero de 2014

Consideraciones sobre el abordaje pedagógico de la democracia


La construcción de una democracia más plena es uno de los desafíos a alcanzar por nuestras sociedades, las escuelas pueden y deben hacer su aporte al respecto. Muchas veces observamos indiferencia, como respuesta a una escuela que se presenta como un espacio preestablecido, con escasas oportunidades de expresión. El abordaje pedagógico de la democracia es parte de la esencia misma de enseñar a convivir, y no debe limitarse al dictado de una materia y requiere el cuidado de otras cuestiones fundamentales.




El tratamiento pedagógico de la democracia ha sido poco estudiado, puede concebirse como la inclusión de todos los sujetos y factores que influyen en el proceso formativo del estudiante desde todos los componentes del proceso educativo hasta las múltiples relaciones que pueden establecerse en la escuela, y entre ella y la familia, los diferentes agentes de la comunidad, así como los factores de influencia del país y del mundo en general. Una pedagogía centrada en la democracia ha de abrirse a la comunidad, al país, al mundo. Este proceso discurre a partir de una identidad subjetiva y en relación con los otros (maestros, estudiantes, directivos, otro personal, los agentes de la comunidad, la familia). En el caso de la escuela, de tal manera que se vaya construyendo un nosotros colectivo, en donde es el diálogo y la convivencia los que permiten esa relación.

Relacionado con el abordaje pedagógico de la democracia, es común que aparezca en la bibliografía el término “educación para la democracia”. Lógicamente ello requiere de una legitimación de los procesos que en ella se viven, de validar los significados de los actos y prácticas, convocando a estudiantes, profesores y administrativos a participar de manera solidaria y colaborativa en esta tarea.

El plan de estudios puede incluir, en su contenido, la importancia de tratar a todas las personas con respeto y dignidad. Sin embargo, el currículo oculto trasmite un mensaje totalmente diferente, por ejemplo, cuando los comportamientos agresivos y la intimidación se toleran, o cuando se muestran discriminación a los escolares de barrios marginales o que presentan problemas sociales. Por ello, diferentes autores hacen referencia al sistema ideológico que ella inspira. Según Bueno consiste en los principios de:

1.         Humanismo laico: intenta ver al ser humano desde el hombre, quien es la medida de todas las cosas.
2.         Humanismo ético: atribuye a los sujetos humanos individuales la condición de entidades supremas, libres, fuentes de todos los derechos y valores.
3.         De la cooperación: establecida mediante el diálogo respetuoso, tolerante, no violento y compresivo del otro.
4.         Armonía preestablecida: la que ha de lograrse a través del diálogo y alianza de las civilizaciones y países.

Las instituciones educativas escolares y extraescolares no pueden ser un espacio donde todo esté preestablecido, donde se obstruya la actividad de los estudiantes y se impida que se expresen y exijan sus derechos; por el contrario, ha de respetar el equilibrio entre obligaciones y demandas. Cuando los estudiantes y las estudiantes se desestiman, no se tienen en cuenta sus inquietudes y propuestas, entonces, lo impuesto les será ajeno, extraño y la mayoría de las veces indiferente. En consecuencia, para que las instituciones educativas sean democráticas, se requiere, entre otros aspectos: fomentar la participación de todos sus miembros, a partir de la deliberación colectiva y del debate racional, que permitirá tomar posición ante la realidad de acuerdo con su idiosincrasia, pensando y actuando autónomamente para resolver problemas (Prieto).

Debe entenderse que el abordaje pedagógico de la democracia parte de la esencia misma de la escuela en su función socializadora. No se trata solamente de seleccionar o elaborar métodos o procedimientos que ayuden a educar en la democracia, sino también de la creación de un clima y estilo de trabajo que propicie el logro de este objetivo.

Desde la perspectiva de este estudio, no se asume una posición contraria a la existencia de una asignatura, como la educación cívica, dirigida especialmente a la educación ciudadana y, por tanto, también a la democracia; pero se subraya la idea de que la educación para la democracia va mucho más allá del estudio de una asignatura, pues incluye toda la actividad del alumnado y de la institución educativa. Al respecto, Gutiérrez considera que para educar en la democracia es importante la plena participación del alumnado, situación que le permitirá actuar como persona libre y responsable y adquirir actitudes que le impulsarán a enfrentarse crítica, consciente y positivamente con los problemas propios de la vida en grupo. Agrega que la escuela debe autodeterminar la responsabilidad, pues es ahí donde es posible vivenciar el pluralismo de ideas en un clima de libertad, haciendo hincapié en una educación autogestionaria que comprenda la participación, la comunicación, la creatividad y el compromiso individual y social.

Desde una perspectiva similar, educar en la democracia requiere de la indagación crítica, respeto por la libertad de las personas, la justicia social y el diálogo (Giroux). En correspondencia con el criterio de este autor y aunque parezca insólito, en muchos centros educativos, hoy día, se mantiene un estilo de comunicación autocrático tanto por profesores como por los directivos: la educación para la democracia empieza por el respeto al orden, la disciplina, a las demás personas; pero tiene su esencia en la plena independencia de los individuos.

Es obvio que el tratamiento pedagógico de la democracia implica tener en cuenta que esta se enseña y se aprende, se refleja en la actuación consciente del personal docente y directivo, y del estudiantado, a partir del funcionamiento de la institución educativa. Responde a las exigencias sociales e involucra a todos los actores de la educación, dentro y fuera de la escuela, y exige ineludiblemente la proyección coherente del proceso pedagógico, lo cual indica una adecuada coherencia entre el ser y el deber ser.

De acuerdo con Santos, la práctica democrática en la escuela se basa en el diálogo permanente, el debate abierto y la crítica efectiva; así logra que los alumnos y alumnas sean agentes de su propia educación y adquieran responsabilidades en el proyecto escolar, comunitario y del país. Como se observa, las ideas sobre la educación para la democracia desde los centros educativos convergen en muchos aspectos. De esta forma, con la concepción de Leiva, la democracia en la escuela debe enseñarse mediante la participación, el diálogo, la libertad de expresión, el debate de ideas y el trabajo comunitario, situaciones que permitirán al alumnado compartir el control sobre la experiencia y ser escuchado sin reproches ni sanciones.

Un adecuado enfoque pedagógico de la democracia revela la necesidad de dar tratamiento a su educación desde la comprensión de las leyes pedagógicas, esencialmente la relacionada con el vínculo de la escuela con la vida, priorizando la participación activa y consciente del estudiante, teniendo en cuenta las particularidades del proceso educativo, en especial su carácter bilateral y activo. No obstante, se postula que el término democracia no se debe enmascarar con otros términos, por cuanto posee una gran connotación en la vida socio-política de cualquier país. Por tanto, se requiere un tratamiento directo y consciente a su concreción.

El tratamiento pedagógico a la democracia requeriría entre otras cuestiones de:
Potenciar la independencia de los estudiantes.
Existe una insuficiente comprensión acerca de que la escuela no es para adoctrinar, ni siquiera para inculcar ideas, sino para desarrollar en el estudiantado sus propias ideas. Tradicionalmente se ha relegado la formación creativa, independiente, olvidándose de que el alumnado está compuesto por seres creativos, por lo que ha de potenciarse la expansión de la consciencia y autonomía individual.

Fomentar la necesidad en los estudiantes de argumentar criterios propios
Se habla bastante de la discriminación de razas, etnias, nacionalidades, sexos, preferencias sexuales, de credo; sin embargo, se trata poco o casi nada la discriminación por las ideas propias o diferentes. En las escuelas al personal docente le sigue satisfaciendo que sus estudiantes hagan todo lo que les indican, sin ningún tipo de oposición y objeción, quieren que les crean sin refutar, sin disentir, que contesten como “les han enseñado”.

Aplicar métodos de enseñanza y aprendizaje que permitan estimular los intereses de alumnos y docentes para guiar el desarrollo
La zona de desarrollo potencial induce precisamente a esto, a que el aprendizaje conduzca al desarrollo. Frecuentemente se habla de tomar en cuenta motivos e intereses del estudiantado; pero, ¿y si no existieran? Por ejemplo: ¿muchos estudiantes y docentes demandan, como ámbitos competenciales, el conocimiento histórico o el deber de memoria, la madurez personal, la autoconciencia sincrónica o histórica, el autoconocimiento, la complejidad de conciencia o la superación del propio egocentrismo individual y colectivo? Aunque estos constituyen aprendizajes imprescindibles para la formación de las personas, no toda necesidad fundamental se demanda, bien porque no se haya concientizado su importancia o porque no interese en primer plano a los sistemas que la perciben y que generalmente utilizan la escuela para consolidar sus intereses. Por ello, le corresponde a la escuela proyectar su trabajo en función de lo que la sociedad realmente necesita, que no siempre se corresponde con las demandas de los gobiernos, aún de aquellos que se hacen llamar democráticos.



Extraído de
La educación para una ciudadanía democrática en las instituciones educativas: Su abordaje sociopedagógico
Autores
Arturo Torres Bugdud
Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica
Universidad Autónoma de Nuevo León México
Nivia Álvarez Aguilar
Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica
Universidad Autónoma de Nuevo León México
María del Roble Obando Rodríguez
Facultad de Ciencias de la Comunicación
Universidad Autónoma de Nuevo León México


1 comentario:

Lumy Quint dijo...

En total acuerdo con este interesante artículo. Queda esperar que los gobernantes lo pongan en práctica. el dialogo entre los diferentes miembros de la comunidad escolar y a su vez con la comunidad donde está situada la escuela es muy importante para tener una educación integral.
Un saludo.

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