domingo, 21 de abril de 2013

Acerca del concepto de ciudad. Una mirada desde el campo pedagógico

Al referirnos a Educación, ¿Debemos hacerlo exclusivamente con las escuelas? ¿Qué aportes pueden hacer otras organizaciones, como la ciudad?  ¿Qué se puede hacer en la provincia de San Luis? 

 La ciudad no es solo un fenómeno físico o una forma de tomar posesión de un espacio. También es el lugar donde se producen innumerables interacciones y experiencias de sus habitantes.



Inmersas en un proceso de cambios sociales profundos cada vez más rápidos y complejos, tanto las ciudades como las políticas educativas locales deben involucrarse en un claro desarrollo y transformación estratégica, acorde con la sociedad actual y el mundo contemporáneo.


Este desarrollo implica la transición de una ciudad educativa, considerada como recurso potencial de conocimientos, actitudes y capacidades a una ciudad educadora, donde el gobierno local planifique sus políticas públicas y estrategias pedagógicas en forma interdisciplinaria e intersectorial junto con los habitantes, potenciando a la ciudad como escenario educativo, fuente de recursos, espacio de aprendizajes y laboratorio de aplicación de nuevos saberes y prácticas.


Ciertamente esta propuesta constituye una conjunción de voluntad política, participación ciudadana y planificación colectiva, para experimentar la ciudad como un ámbito educativo apto para el aprendizaje democrático permanente.


La educación es posible desde múltiples esferas de la vida cotidiana, ya que las personas aprenden y se educan durante todo el transcurso de su vida. La ciudad debe dejar de ser solo el escenario de una acción educativa y transformarse en agente dinámico y transformador de la educación, responsabilidad directa e intransferible de los gobiernos locales.


El potencial educativo de la ciudad es uno de los aspectos menos estudiados de la vida urbana. Sabemos que la aglomeración y la densidad son factores estructurales constitutivos de la ciudad, que esta concentración es el origen de la diversidad y su consiguiente interacción. También sabemos que la interacción entre los ciudadanos y con el paisaje urbano construye aprendizajes, origina nuevos conocimientos y crea cultura.


Las ciudades deben ser consideradas espacios pedagógicos de integración e inclusión, donde el conocimiento informal se origina entre todos y aparece en todos los lugares, creando condiciones particularmente enriquecedoras para el intercambio de saberes, valores y habilidades. Deben percibirse como sistemas dinámicos en constante evolución, donde los habitantes –los “ciudadanos”– participan en su construcción cotidiana.


La ciudad es, además, un lugar donde se aprende a convivir, a interactuar con otros, aceptando la diversidad como un enriquecimiento social que contribuye a una mejor comprensión del mundo por parte de sus habitantes y por parte de los diferentes grupos que interactúan en ella.


Este respeto a la diversidad debería facilitar asimismo la afirmación de la propia identidad cultural y de la identidad colectiva creada por la misma ciudad. Identidad colectiva, que se apoya en la adhesión al pasado, en la memoria, en los símbolos y fiestas, pero también en la construcción de un futuro común en el territorio de la ciudad, que se les ofrece como espacio vital de convivencia.


Y, si la ciudad es un lugar para vivir en libertad, los derechos y deberes de los ciudadanos deben ser reconocidos como tales para decidir sobre el futuro de la misma, porque, cuando se dice “nuestra ciudad” o “nuestro barrio”, se está invocando la identidad en un lugar determinado y se está invocando la propiedad de ese mismo lugar, al que se percibe como pertenencia individual y colectiva. Todos los ciudadanos son interlocutores válidos en la toma de decisiones que conciernen a la ciudad, ya que nadie está en mejor posición que ellos para planificar las necesidades del espacio urbano, entendiéndolo como espacio individual y social al mismo tiempo.


Por ello los gobiernos locales deben contar con mecanismos institucionales adecuados, que posibiliten que un número representativo de ciudadanos pueda tomar parte en la planificación de la ciudad y construir las políticas públicas necesarias para diseñar la ciudad presente y futura.


En este proceso democrático participativo las ciudades se presentan como escenarios particularmente apropiados para la educación para la democracia, ya que asumen la superación de formas tradicionales de gobierno muchas veces alejados de la ciudadanía a quien representan. Se erigen entonces como promotoras de la autonomía en la toma de decisiones, impulsoras de la responsabilidad ciudadana y del diálogo, lo que conduce claramente a un desarrollo político, individual y social de extraordinarios alcances, claramente abierto al cambio y la participación.


El ámbito urbano presenta, además, gran diversidad de recursos. En él los roles educativos son más versátiles e intercambiables, y las experiencias posibles, diversas y renovadas. Se genera una acción integral y permanente a través de las escuelas, museos y bibliotecas; se impulsa la formación estética con su propia arquitectura, muestras y espectáculos; se brindan espacios para la utilización creativa del tiempo libre con sus plazas, parques, actividades deportivas; se promueve la educación cívica a través de sus instituciones democráticas.


Es, sin duda, una extraordinaria fuente de aprendizajes y espacios de conocimiento, compleja, diversa, plena de contradicciones y de desafíos, donde los gobiernos locales tienen la oportunidad, el deber y la responsabilidad de encarar políticas públicas adecuadas a esta realidad, convocando a un proceso educativo amplio e integrador para todos los habitantes







Extraído de:
Ciudades educadoras, una nueva forma de ser ciudad
Alicia Cabezudo
En
EDUCACIÓN, VALORES Y CIUDADANÍA
Bernardo Toro y Alicia Tallone
Coordinadores


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