domingo, 14 de octubre de 2012

Organización del secundario


En Argentina, la crisis del sistema educativo se manifiesta con mayor crudeza en el nivel secundario. Son muchos los factores que concurren para que esto suceda, creo que en primer término es que socialmente se ha impuesto un criterio utilitarista de los aprendizajes ¿Esto para qué? Es un cuestionamiento permanente, sumado a la notoria devaluación de las credenciales que emite ¿Para qué sirve el título secundario? Para una buena parte de la población, el tránsito por la escuela secundaria sea una formalidad, una obligación solamente.
¿Qué se puede hacer desde la organización de las escuelas? Más allá del exiguo margen de autonomía existente en la provincia de San Luis. En los siguientes párrafos trascribo opiniones al respecto, que sirven de referencia.





«La escuela debería poder poner más los ojos sobre sí misma y pedirse las transformaciones. En efecto, hay ciertas características de su formato duro que se han mantenido como intocables, como la división en los ramos de enseñanza, por ejemplo. Parece imposible que la filosofía y la historia puedan estar juntas o que la química y la matemática no puedan enseñarse al mismo tiempo, como si esos compartimentos fueran naturales. Después aparece el hecho de que los chicos tengan que estudiar muchas materias en simultáneo y que no pueda haber otra construcción de trayectorias que la que fija la institución: si un chico tiene dificultades en tres asignaturas, tiene que repetir todo el año, aun las materias en las que les fue bien. ¿Por qué? En la facultad existen las correlatividades y podés ir avanzando en la carrera mientras recursás lo que es necesario. Ahora, cuando tocás este tema, surge el argumento del facilismo. Sin embargo no se trata de regalarle el año al estudiante, sino de pensar que si a un chico le va mal en matemática, eso no supone que en inglés no sea bueno. Hay otras cosas que también se deberían flexibilizar. ¿Por qué el ciclo escolar se extiende invariablemente de marzo a diciembre? Eso no siempre se correlaciona con las necesidades de un chico que, además de ir al secundario, trabaja. En estos casos, por ejemplo, podría aprovechar el verano para estar más tiempo en la escuela, o para intensificar el estudio en las asignaturas que no se aprendieron bien durante el año. Está el ejemplo de las Escuelas de Familias Agrarias, de Misiones, donde los chicos van dos semanas a clase y otras dos trabajan con sus padres. También hay escuelas que empezaron a abrir los sábados y arman una especie de centro cultural, a veces en comunidades donde los chicos no tenían ninguna posibilidad de estudiar literatura japonesa, murga o yoga. En esos espacios pueden relacionarse con otros lenguajes, generar relaciones distintas, menos jerárquicas, y esas también son cuestiones que hacen a su inclusión ciudadana.» (Myriam Southwell)



«Hay una experiencia que funcionó muy bien, que es la departamentalización. En términos de seguimiento, de evaluación y de promoción de estudiantes es la mejor  estrategia, porque obliga a trabajar a todos los docentes con criterios similares, a evaluar de manera semejante, a saber en qué punto quedó un profesor para que retome el otro, a planificar ese espacio curricular todos los años... Pero depende mucho de la concentración horaria que tenga en el espacio curricular. Otras escuelas han hecho experiencias interesantes anulando la organización de los grupos por año y trabajando en campos disciplinares: lengua y matemática, donde trastabilla la mayoría, o historia e idioma. Allí se trabaja el aprendizaje independientemente del año en que están los estudiantes. Cuando tenés chicos de quince años en primer año o de diecisiete en segundo, es necesario pensar alguna estrategia que permita sortear ese desfasaje. Estas escuelas trabajan por logros de aprendizajes, no por año. Funcionan bien, pero tenés que tener un equipo docente que se ponga la escuela al hombro; si no, es imposible. Se dice con razón que el gobierno tiene que garantizar un edificio que permita un proceso de calidad educativa, que los chicos tienen que tener libros, becas, tutores. Pero cuando uno va al microterritorio, la que define qué pasa con lo que el Estado hace es la escuela. En educación técnica hay una inversión muy fuerte en condiciones institucionales, proveemos mochilas técnicas, transporte, tutores, equipamiento, conectividad; y resulta que vas a algunas escuelas donde ves el equipamiento rápidamente instalado con los libros todos marcados, mientras que vas a otra y todavía tienen todo embalado en las cajas. Tiene que haber algún motor interior para que eso se mueva.» (María Rosa Almandoz)





Extraído de
Investigar el secundario
Cuaderno de discusión Nro 1
El Dilema del Secundario
UNIPE
Editorial Universitaria





Calidad de la Educación, un debate ineludible
Ideología y poder
Teorías del aprendizaje




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